Xavi Calbet en el invernadero de tomates cherri / MA (Lorena Hens)
Xavi Calbet en el invernadero de tomates cherri / MA (Lorena Hens)

Habla Xavi, el último payés joven del Baix Llobregat: "Estamos en medio de una guerra de intereses"

Esta es la historia personal del último campesino joven que queda en toda la comarca, un chico de 27 años que pese a las amenazas que condicionan su futuro, tiene claro cuál es su vocación

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Periodista

Una de las principales riquezas del Delta del Llobregat es su potencial agrícola. Un potencial con un valor añadido si, quien se encarga de mantenerlo y realzarlo, son agricultores tan singulares como Xavi. Xavier Calbet es el payés más joven del Baix Llobregat. Desde que tiene 18 años - actualmente tiene 27 - trabaja en el campo familiar de Viladecans junto con su padre y su abuelo: "Yo venía aquí los sábados que tenía libre con mi padre y mi abuelo y me gustaba mucho, estaba encantado. Me dejaban el tractor desde pequeño y me sentía libre, disfrutaba". La vocación de Xavi le viene de familia. Su bisabuelo empezó con el negocio familiar cuando sólo era un niño: "Mi bisabuelo con siete años iba a Barcelona a vender todos los alimentos al mercado del Ninot, cogía el carro con los caballos y se iba hasta Barcelona, algo que ahora es impensable", explica con admiración. Aunque no sea lo común para un chico de su edad, la rutina de Xavier en el campo no dista mucho de una jornada laboral de cualquier joven: "Me suena el despertador a las seis de la mañana, me voy para el campo, cargo el camión y me voy a Mercabarna a repartir los alimentos del día como las lechugas o los ajos. Me paso allí toda la mañana, ayudando y haciendo repartos y a la hora de comer vuelvo al campo. Entre los cinco trabajadores que gestionamos estas 20 hectáreas empezamos a clasificar todos los alimentos para tenerlos preparados para el día siguiente", relata el joven.

Xavier, el payés más joven del Baix paseando por un invernadero : METRÓPOLI
Xavier, el payés más joven del Baix paseando por un invernadero / METRÓPOLI

Xavi asegura que en el campo no hay horarios, sino que son las horas de sol las que marcan el ritmo: "Lo que sí marca la diferencia es la intensidad del trabajo, en invierno a las seis de la tarde estoy fuera porque ya no hay luz, pero en verano es más duro. Yo sigo aquí trabajando mientras mis amigos llevan otros horarios. Soy de los pocos jóvenes que continua en esto, es un trabajo muy duro, pero tengo la suerte de que me gusta y de que puedo estar aquí." Xavi respira profundamente, dirige la mirada hacia su padre - que se encuentra atareado clasificando las judías por tamaños - y asegura: "No tengo ni idea de dedicarme a otra cosa que no sea el campo, yo estudié para estar aquí. Si destruyen esto, destruyen mi futuro". Su padre - que también se llama Xavier - exclama visiblemente emocionado: "De sus hermanos él es el único que se ha atrevido a pisar el campo. Hay que sentir vocación, pero si no se dedicara a esto ya buscaríamos una alternativa, como hemos hecho siempre con todo". 

Todo parece idílico y las palabras de Xavier incitan a imaginarse un futuro esperanzador. Sin embargo, el rumbo de su trayectoria profesional puede verse truncado si los planes de la Generalitat se hacen realidad. Si finalmente el govern decide ampliar la zona de especial protección para las aves, gran parte de los terrenos familiares se verán afectados y, en consecuencia, también su futuro. 

EL CHERRI, EN PELIGRO POR LA ZEPA

La Generalitat pretende ampliar la zona protegida para las aves, la ZEPA, como respuesta a un requerimiento europeo. Según las cerca de 200 empresas agroalimentarias que han presentado alegaciones contra este proyecto, esta ampliación pondría en juego la economía agraria de la comarca. Xavi mantiene una posición clara y evita entrar en el ruido de la polémica: "Esto es una guerra de intereses, todos quieren ganar el partido pero los que de verdad salimos afectados somos nosotros, los payeses. Este es nuestro trabajo, nuestra vida".

Los Calbet tienen un total de siete invernaderos entre los que plantan judías, acelgas, guisantes, lechugas, zanahorias y tomates cherri, entre otros productos. Este último es, por excelencia, el producto de proximidad de Viladecans ya que, de momento, sólo se cultiva en esta localidad del Parc Agrari. El invernadero en el que los Calbet cultivan los tomates cherri se encuentra en territorio hostil. Si la Generalitat amplía la ZEPA, este invernadero tendrá que desaparecer, puesto que ambos espacios son incompatibles: "Este es de los invernaderos que tenemos con más capacidad, en estos 3.000 metros cuadrados producimos todo el cherri. Si ahora viene la Generalitat y me dice que quite todo esto, ¿quién me lo va a pagar?", critica el payés. "Quitar los hierros, el plástico y la corriente que hay aquí es un dineral, por no hablar de que todo este cultivo tendría que meterlo en otro sitio y eso, particularmente afectaría a toda la producción que hacemos", lamenta Xavi. 

Cultivos de tomate cherry Viladecans : METROPOLI
Cultivos de tomate cherry Viladecans / METRÓPOLI

 

En declaraciones a este medio, la alcaldesa de Gavà, Gemma Badia, aseguró que "entre los municipios de Gavà, Viladecans y Sant Boi se llega a la producción que se necesita en Catalunya". Mientras que en el Prat y en Sant Boi el producto de proximidad por excelencia es la alcachofa, en Viladecans lo es el cherri. Actualmente 16 establecimientos de la localidad comercializan este producto y son cuatro los agricultores que cosechan este tipo de tomate en la ciudad, entre ellos Xavier. En total, recogen cerca de 90.000 kilos en todo el año de este producto se caracteriza por su pequeña medida - de entre uno y tres centímetros - y por su forma estilo de pera. 

Decenas de cajas de tomate cherry de Viladecans : METRÓPOLI
Decenas de cajas de tomate cherry de Viladecans / METRÓPOLI

Los agricultores del Baix Llobregat ven la ZEPA como una amenaza para su actividad. Xavi cree que esta ampliación condicionaría su futuro en el campo: "La producción que tenemos ahora se vería mucho más menguada si se hace realidad la ampliación. Tendría que reinventar todas mis rutinas y aprender a trabajar de nuevo. No nos dejarían ampliar invernaderos, a la larga nos prohibirán los insecticidas porque ellos priorizan las aves a que nosotros podamos comer. No hace falta ni que entren en nuestra zona, con que la tengamos a 100 metros ya será un condicionante porque no podremos hacer nada", lamentan los Calbet. 

LA RIERA, OTRA AMENAZA CONSTANTE

La ampliación del espacio protegido es una problemática con la que tendrán que lidiar en un futuro no muy lejano. Sin embargo, hay otras contra las que llevan combatiendo toda la vida. El temporal no perdona a la cosecha y, cuando vienen tormentas o lluvias fuertes, toda la producción se ve afectada: "Lo afrontamos fatal, sufrimos muchas pérdidas. Estamos expuestos a las inclemencias del tiempo. Da igual si es mucho calor o mucho frío: el calor impide que los tomates cuajen, las heladas te matan el género, la lluvia te asfixia las plantas y el viento se lleva el plástico de los invernaderos". 

Sólo una riera limpia y en condiciones óptimas puede hacer de escudo a las inundaciones y ejercer de desagüe para evitar ahogar los campos: "No es sólo la ZEPA, tenemos otras preocupaciones históricas. Las administraciones tienen un presupuesto de 80.000 euros para limpiar la riera y no nos hacen ni caso, dicen que tienen otras prioridades. El día que caigan 50 litros, como cuando vino el Gloria, el agua sobrepasará por arriba de los muros de la riera y diremos adiós al campo", critica con preocupación Xavier. "Si el agua salta en el pueblo es un problema, pero si salta en el campo no pasa nada". 

La riera de Viladecans actualmente y cuando el Gloria inundó el Delta METRÓPOLI
La riera de Viladecans actualmente y cuando el Gloria inundó el Delta / METRÓPOLI

Ya sea por un motivo u otro, el futuro de los agricultores del delta del Llobregat es, a día de hoy, totalmente incierto. La falta de inversiones por parte de l'Agència Catalana de l'Aigua para gestionar la riera o la inminente amenaza de la ampliación de la zona ZEPA mantienen en vilo a los payeses que se ganan la vida en esta zona. Sin embargo, Xavier lo tiene claro, las raíces no sólo las siente en el campo, sino también en su vida personal:  "Ya no queda gente tan joven como yo que recoja el legado familiar y se ocupe del campo. Que no sea lo común no quiere decir que no sea normal. He crecido aquí con mi abuelo y mis padres, si me dejan y no me ponen ningún problema, aquí seguiré". 

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