El gestor cultural y editor Félix Riera, en la entrevista con 'Metrópoli' / Luis Miguel Añón - METRÓPOLI
El gestor cultural y editor Félix Riera, en la entrevista con 'Metrópoli' / Luis Miguel Añón - METRÓPOLI

Fèlix Riera: “En Barcelona se apuesta por jardines sin jardineros”

El gestor cultural, autor de ‘Retorn al bosc’, cree que campañas del Ayuntamiento como la de “Dona pas al verd” deben servir para debatir sobre modelos de ciudad

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Manel Manchón
Periodista
Actualizado: 01/01/2023 08:51 h.

Comprender, con todo el significado completo del vocablo. Trabajar con el objeto de extraer un aprendizaje, a partir de una experiecia, de lo que sucede alrededor. Es el propósito de Fèlix Riera, gestor cultural, editor y escritor, que ha ahondado en un fenómeno mundial en su reciente obra El retorn al bosc (Pòrtic). Son muchos los ciudadanos que física o metafóricamente se agarran a la naturaleza y se distancian del estado. Buscan su propia concepción del bien. Esa idea la ha captado Riera en Barcelona, con fenómenos que invitan a un debate con y entre todos y que tiene que ver con los jardines y los gobernantes. ¿De qué modo?

Fèlix Riera, en una entrevista con Metrópoli, se concentra en una acción del gobierno municipal. Asegura que la ciudad de Barcelona ofrece muchas imágenes y cualquier ciudadano atento las puede captar para establecer asociaciones y provocar un debate sobre lo que sucede. “En un paseo por la Ciutadella se puede ver un gran cartel del Ayuntamiento con el lema ‘Dona pas al verd’, en el que se invita a no cortar las hierbas altas, con una premisa, la de ‘naturalizar Barcelona’. Es interesante, desde el discurso público, porque el mensaje es el de ‘es posible tener un jardín sin jardinero’, puede haber una ciudad sin autoridad, donde los sucesos se cronifiquen por su propia naturaleza. Es lo contrario que hace un jardinero, que ordena, riega y cuida un espacio”.

¿Va más allá Fèlix Riera del mensaje del equipo de gobierno municipal? ¿Es una interpretación excesiva? Riera despeja la incógnita. “Alguien puede interpretar que es una crítica al gobierno de Barcelona, pero no se trata de eso. Lo que señalo es que se debe poner sobre la mesa el propio debate que sugiere esa posición municipal. Debemos entrar en ese terreno que se propone y pensar si queremos o no una ciudad con jardinero o con hierbas no controlables. Y podemos decir, siguiendo a Joseph Joubert, que para que haya un jardín debe haber un jardinero”.

Félix Riera / Luis Miguel Añón - METRÓPOLI
Félix Riera, con su libro, en las instalaciones de 'Metrópoli' / Luis Miguel Añón - METRÓPOLI

La imagen que propone Riera, a partir de un plan municipal para que haya más zonas verdes en la ciudad, no es alegórica. La falta de un jardinero, de alguien que cuide esa ciudad con mayor esmero, la concreta ese gestor cultural, director de la Fundación Romea, en el propio espacio urbano que rodea la Ciutadella. “El efecto de ese jardín sin jardinero es el Hivernacle, que se encuentra en un lamentable estado, precisamente, porque no ha habido un jardinero”.

Hay un debate político que se ha intensificado y que lo hará en los próximos meses a medida que se acerque la fecha electoral de las municipales. Pero lo que plantea Riera es que ese debate vaya asociado a una discusión intelectual y cultural sobre lo que se desea para la propia ciudad. ¿Responde el conjunto de las fuerzas políticas a lo que propone el equipo de Ada Colau al frente de los comunes?

Riera considera que los comunes “son honestos, son conscientes de lo que hacen y de lo que quieren. Sus ideas las defienden y las plasman de forma diáfana. Yo creo que debe haber un jardinero, y que debemos entrar en un debate en el terreno de las ideas, sobre el mandato de la ciudad. Y los partidos deben aflorar el modelo que quieren. Me parece que reflejar esa tensión es positiva y es interesante, más allá de señalar las cosas negativas de unos y otros”, precisa el autor de Retorn al bosc.

Verd / Luis Miguel Añón - METROPOLI
Estado del Hivernacle, en la Ciutadella / Luis Miguel Añón - METROPOLI

Lo que implica el fenómeno que plantea Riera en su libro es una especie de “pacificación” en las grandes ciudades. Es una expresión que utiliza el equipo municipal de Colau. ¿Se puede pensar en ciudades en las que la actividad se reduzca de forma muy notable? “Claro, sí, pero digamos también todas las consecuencias de esas acciones”, replica Fèlix Riera.

Con la política de urbanismo táctico de los comunes, son las superillas y la pretensión de que el coche sea testimonial en la ciudad, con una reducción importante de la movilidad, Riera alza la mano y pide algo más de reflexión. “Las ciudades son el resultado de sucesos, de hechos, de que pasan cosas. La ciudad está basada, como decía Joan Maragall, desde la perspectiva de sus contradicciones. Es el resultado de la deliberación, que nos sitúa siempre en algo problemático. ¿Queremos que todo eso no suceda?”

En el debate político, el conjunto de partidos políticos con representación en el Ayuntamiento de Barcelona paró el plan para replicar más superillas en los próximos años. Los comunes aseguran que se podrán implementar, a pesar de esas restricciones políticas. Pero, ¿hay un debate de ciudad, que implique al PSC, como socio de gobierno de los comunes, y al resto de partidos, incluyendo a ERC o a Junts per Catalunya? Riera insiste en no entrar en una batalla política, sino en presentar al ciudadano un abanico de posibilidades, de lo que podrá ocurrir o no en función de las políticas que se adopten. “La movilidad se puede reducir, pero eso tendrá consecuencias. Podremos decir si las superillas son positivas o negativas, pero habrá que hablar de los comercios de proximidad, de lo que supone reducir tensiones y dinámicas de la ciudad, que siempre ha sido un lugar de tensiones fuertes. No se trata de evitar conflictos, sino de cómo aprender de ellos para desarrollarse".

Verd / Luis Miguel Añón - METROPOLI
Campaña del Ayuntamiento para una Barcelona verde / Luis Miguel Añón - METROPOLI

 

En muchas grandes ciudades los ciudadanos, --una parte todavía no muy numerosa—deciden marcharse y buscar otras formas de vida que impliquen una menor tensión. Metrópoli plantea a Riera si en el fondo lo que hay es una idealización de una urbe de otros tiempos, casi pre-industrial, en la que pasaban pocas cosas.

“Es legítimo querer una ciudad reposada, de respiración lenta, pero creo que está bien pensar en las consecuencias que tendría. Barcelona es un modelo en muchos lugares, pero también debemos decir que hay otras muchas urbes en las que no se cuestiona lo que se hace, que tienen otra mirada distinta. Es negativo una ciudad muy iluminada, para muchas personas. Es mejor una mayor oscuridad, porque eso permite ver las constelaciones en el cielo. Pero la ciudad es, por definición, un lugar de contradicciones, porque eso la hace viva, y si existe una cultura cívica –y Barcelona la tiene—se puede llegar a espacios de consenso. Si pensamos en el problema de la energía, con la fusión nuclear en el horizonte, debemos pensar también en que el futuro pasa por la fusión de los distintos actores de una ciudad”, concluye Riera.

Las imágenes ayudan a conceptualizar un problema. Riera, con su móvil siempre presto, toma fotografías de todo lo que le llama la atención. Y ese cartel del Ayuntamiento considera que es definitivo: sin un jardinero, el jardín da lugar a hierbas altas, a un desorden total.

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