La Casa Vermella, una finca modernista en el Camp de l'Arpa / INMA SANTOS HERRERA

La Casa Vermella, una finca modernista en el Camp de l'Arpa / INMA SANTOS HERRERA

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La Casa Vermella: modernismo en Camp de l’Arpa

Este barrio de Sant Martí conserva en sus calles algunos edificios modernistas que son el recuerdo lejano de un intento fallido de expandir el Plan Cerdà más allá del Eixample

23 octubre, 2022 00:00

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Lo sé, cuando me da por una zona de Barcelona, me cuesta salir de ella. Y esta vez me ha dado por Camp de l'Arpa. Pero es que no deja de sorprenderme. Por ejemplo, en el cruce de Rosselló con Xifré, se esconde un pequeño tesoro modernista: la Casa Vermella.

Joan Barba, maestro de obras que trabajó también en las casas Ventura y Masgoret de Montcada i Reixac, en Gràcia, Sarrià y el Eixample (Casa Gibert), entre otras, proyectó este edificio de tres plantas, en 1899, que ocupa un chaflán irregular. Con entrada por Xifré 89 y por Rosselló 538, toma su nombre del color que le otorga la fachada de ladrillo de obra vista en las plantas superiores, decoradas con franjas horizontales de cerámica. La planta baja, en cambio, es de piedra careada. La combinación de materiales le da carácter al edificio y lo distingue del resto por el estilo modernista que luce, acorde con los gustos de la época en que se construyó.

MODERNISMO

¿Modernismo en Camp de l’Arpa? Pues sí, no olvidemos que este barrio está delimitado por la calle Dos de Maig al oeste y la de Navas de Tolosa, al este; al norte por la calle por Sant Antoni Maria Claret, y al sur, por Aragón y la Meridiana. El barrio ocupa un mordisco del extremo derecho del Eixample, por eso no es extraño encontrar en sus calles algunas muestras de arquitectura modernista, como la Casa Vermella. La parte este del Eixample acaba en esta zona donde mueren las calles de Provença, Roselló y Còrsega, justo a la calle de Rogent. A partir de aquí, la resistencia de los vecinos y de los propietarios de los terrenos frenó la implementación del Plan Cerdà. Aún así, se construyeron algunos edificios que imitan los del Eixample, aunque menos grandilocuentes, más discretos y con materiales y acabados más sencillos.

También el paso de los años y las reformas tienen algo que ver en esa “sencillez”. La Casa Vermella estaba rematada por unos pináculos o torreones que, en algún momento, durante alguna obra, desaparecieron para no volver. Algunos vecinos recuerdan que antiguamente no había timbre en la puerta de entrada, sino un picaporte de hierro en forma de mano con una bola. Otros mencionan en los chats que para abrir desde dentro había que tirar de una cuerda.

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