Farola proyectada por Puig i Cadafalch situada en lo más alto de la Rambla / INMA SANTOS
Farola proyectada por Puig i Cadafalch situada en lo más alto de la Rambla / INMA SANTOS

Una farola ignorada al principio de La Rambla

El farol ‘art déco’ es el único superviviente de los ocho que Puig i Cadafalch proyectó para la plaza Catalunya

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Periodista
Actualizado: 09/12/2020 11:01 h.

En el extremo superior de la Rambla se erige, solitaria y casi ignorada por los miles de transeúntes que pasan a diario por su lado, una monumental farola art déco. Es la única superviviente de las ocho que Puig i Cadafalch proyectó en su propuesta para urbanizar la plaza Catalunya y que fue descartada tras el golpe de Estado de Primo de Rivera, en 1923.

Francesc de Paula Nebot ganó el nuevo concurso para urbanizar este espacio y decidió mantener la distribución de faroles prevista por Puig i Cadafalch. El nuevo arquitecto encargó a Féliz de Azúa el diseño de las farolas, que fabricó la empresa Biosca y Botey. El resultado fue una columna de granito rodeada por cuatro luces de bronce custodiadas por cuatro ángeles y coronada por una linterna esférica.

LA EXPO DE 1929

La idea era que el rey Alfonso XIII inaugurara la plaza, pero las prisas por terminarla y los recortes de presupuesto provocaron la dimisión de Nebot y que las farolas proyectadas fueran descartadas. Todas, excepto una, porque Biosca y Botey ya habían fabricado la primera y la había entregado al ayuntamiento. Nadie sabía muy bien qué hacer con aquella enorme farola, hasta que alguien se le ocurrió aprovecharla y colocarla al principio de la Rambla coincidiendo con el inicio de la Exposición Universal de 1929.

Farola
Detalle de la farola de Puig i Cadafalch en la Rambla / INMA SANTOS

Y ahí sigue desde entonces, ignorada entre el ir y venir de la gente. Ni siquiera su restauración en 1990 le dio el brillo suficiente para destacar. Solo tras los atentados del 17 de agosto de 2017, se convirtió en improvisado altar para rendir homenaje a las víctimas.

Curiosidad: En los años 30 del siglo pasado se la conocía como “el culé solitario”, porque quedaba apartada de las tertulias sobre el fútbol y el Barça que se entablaban en esta parte de la Rambla alrededor del desaparecido quiosco de bebidas de Canaletas.

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