Una mujer enferma en una imagen de archivo
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Las enfermedades pulmonares crónicas, más allá de la respiración: la importancia de la atención psicólogica
Estas patologías influyen en la forma en que las personas se relacionan con su cuerpo, gestionan su energía y sostienen su ritmo cotidiano
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Convivir con una enfermedad pulmonar crónica, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la fibrosis pulmonar o el asma, supone mucho más que afrontar dificultades respiratorias.
Estas patologías influyen en la forma en que las personas se relacionan con su cuerpo, gestionan su energía y sostienen su ritmo cotidiano, afectando también al estado de ánimo, la confianza personal y la percepción global del bienestar.
Entre estas enfermedades, la EPOC es la más frecuente. En España afecta a cerca de tres millones de personas, según datos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) y la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMGF). Comprender su impacto real exige ir más allá de los síntomas físicos y atender cómo condiciona la vida diaria de quienes la padecen.
Acompañamiento psicológico
“Cuando una enfermedad pulmonar altera la manera en que nos movemos, descansamos o afrontamos el día a día, también transforma cómo nos sentimos. Por eso el acompañamiento psicológico resulta clave en estos pacientes”, explica el doctor Antonio Arumí, jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Universitari General de Catalunya.
La prevención y la detección precoz siguen siendo las herramientas más eficaces para reducir el impacto de las enfermedades respiratorias crónicas. Sin embargo, en el caso de la EPOC, cerca del 75 % de los pacientes en España no están diagnosticados, según la SEPAR, lo que pone de manifiesto la necesidad de reforzar la concienciación y el reconocimiento temprano de estas patologías.
El doctor Antonio Arumí, jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Universitari General de Catalunya
Revisiones periódicas y pruebas
Escuchar el cuerpo y no normalizar ciertos síntomas resulta fundamental. Las primeras señales pueden pasar desapercibidas o atribuirse al envejecimiento o al cansancio habitual, pero existen signos de alerta que deben motivar una valoración médica, como la dificultad para respirar al caminar o subir escaleras, la tos crónica con o sin mucosidad, las sibilancias, la fatiga persistente o las infecciones respiratorias recurrentes.
Las revisiones periódicas y las pruebas de función pulmonar permiten actuar antes de que la enfermedad limite de forma significativa la vida diaria. En muchos casos, el primer paso hacia un mejor control consiste simplemente en prestar atención a las señales del cuerpo y consultar al especialista sin demora.
Impacto emocional
El impacto emocional de las enfermedades respiratorias crónicas es un factor clave que a menudo pasa desapercibido. La dificultad para respirar, la fatiga y la pérdida progresiva de autonomía alteran rutinas tan básicas como caminar, hablar o dormir, y aumentan el riesgo de ansiedad y depresión en las personas con EPOC.
Los datos lo confirman: tres de cada diez pacientes con EPOC en España presentan síntomas de ansiedad según la escala HADS, mientras que entre el 20 % y el 40 % experimentan síntomas depresivos. Esta prevalencia es mayor en las fases avanzadas de la enfermedad y en aquellos pacientes con una limitación funcional más marcada.
Deterioro progresivo de la calidad de vida
Entre las manifestaciones emocionales más frecuentes se encuentran el miedo anticipatorio a la falta de aire, la frustración por la pérdida de autonomía, el aislamiento social para evitar esfuerzos, la culpabilidad o resignación ante la dependencia de la enfermedad y una fatiga emocional que deteriora progresivamente la calidad de vida.
Este malestar influye directamente en la adherencia al tratamiento, la actividad física y el descanso.
“Este círculo, en el que la dificultad respiratoria genera malestar emocional y el malestar incrementa la percepción de falta de aire, requiere un abordaje conjunto desde el inicio”, señala el doctor Arumí. Abordar el significado que la enfermedad tiene en la vida del paciente mejora su estabilidad emocional, su motivación y su capacidad para seguir el tratamiento de forma adecuada.
Vivir con una enfermedad pulmonar crónica exige una adaptación constante, tanto para los pacientes como para su entorno. Por ello, contar con un cuidado integral que combine el seguimiento respiratorio con el apoyo psicológico resulta esencial. Programas de educación respiratoria, grupos de apoyo y psicoterapia ayudan a gestionar la ansiedad, reforzar el control del estrés y recuperar la sensación de control sobre la propia vida.
“Cuando cuidamos la salud emocional y la respiratoria de forma conjunta, los pacientes recuperan estabilidad, seguridad y la capacidad de sostener su bienestar en el día a día”, concluye el jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Universitari General de Catalunya.