Barcelona pierde un comercio irreemplazable.
Tras más de cinco décadas vistiendo a generaciones de barceloneses, la emblemática sastrería Aramis, ubicada en el número 103 de la Rambla de Catalunya, ha anunciado su cierre definitivo.
No se trata simplemente de la clausura de un local comercial en el corazón del Eixample, sino de la despedida de una de las instituciones de moda más distinguidas y prestigiosas de la ciudad, un pilar del estilo que, durante más de medio siglo, ha definido el concepto de elegancia sobria en la capital catalana.
El negocio hace años que arrastraba problemas económicos que finalmente no ha conseguido revertir.
Interior de la sastrería Aramis de Barcelona
Con su cierre, la ciudad pierde algo más que un negocio, pierde un trozo de su historia viva y un referente de cómo el comercio de alta calidad puede definir la personalidad de la metrópolis.
Más de cinco décadas de historia
Todo comenzó en diciembre de 1969, cuando Mario Framis De La Valette decidió fundar lo que pronto se convertiría en un referente indiscutible.
Con una visión clara y un compromiso inquebrantable con la calidad, Framis creó un espacio que lograba sintetizar el mejor espíritu de la sastrería clásica con las corrientes de moda más modernas.
Durante más de cincuenta años, el establecimiento se mantuvo fiel a su filosofía: ofrecer prendas de vestir con un corte impecable, una durabilidad exquisita y una distinción que rara vez se encuentra en el mercado actual.
Exterior de la sastrería Aramis de Barcelona
La excelencia como sello de identidad
El catálogo de Aramis era, en sí mismo, una declaración de principios.
Sus inconfundibles chaquetas, que han formado parte del fondo de armario de la burguesía barcelonesa, y sus famosos suéteres de cachemir --la pieza estrella durante los meses de invierno-- se convirtieron en un sello de identidad para quienes valoraban la sofisticación sin estridencias.
Entrar en la tienda era sumergirse en un ambiente de serenidad y buen gusto, donde el trato personal y la calidad de los materiales eran los únicos protagonistas.
Interior de la sastrería Aramis de Barcelona
Un refugio para la élite y la Casa Real
Este nivel de excelencia no pasó desapercibido.
Aramis se consolidó como un refugio predilecto para la clase alta, personalidades del mundo de la política, las artes, el cine y el teatro, e incluso para la Casa Real española, de la cual la boutique era proveedora oficial.
La discreción y el prestigio de sus propuestas convirtieron a la tienda en un punto de encuentro de figuras clave de la vida pública.
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