La solidaridad internacional redobla su pulso contra el bloqueo de la Franja de Gaza. La organización Global Sumud Flotilla (GSF) ha anunciado el lanzamiento de una nueva y ambiciosa intervención humanitaria prevista para el próximo 29 de marzo.
A diferencia de iniciativas anteriores, esta operación plantea una estrategia híbrida y simultánea: una flotilla marítima que zarpará desde puertos de Barcelona, Italia y Túnez, coordinada con una gran caravana terrestre que atravesará el norte de África.
Así se ha anunciado este jueves en una rueda de prensa en la Fundación Nelson Mandela en Johannesburgo (Sudáfrica), en que los organizadores han descrito la misión como "un acto de resistencia civil global sin precedentes, movilizado en respuesta al fracaso catastrófico de gobiernos e instituciones internacionales para detener el genocidio en curso", informan en un comunicado.
Barcelona despide a la primera Global Sumud Flotilla rumbo a Gaza en una histórica acción humanitaria
La organización describe la misión como un rechazo directo a las recientes propuestas de reconstruir Gaza "sin soberanía palestina y sin rendición de cuentas".
Según los portavoces de la GSF, la misión movilizará a miles de participantes de más de 100 países, elevando el perfil del activismo tradicional a una operación logística de gran escala.
De la protesta simbólica a la intervención material
Uno de los puntos clave que diferencia a la Global Sumud de iniciativas anteriores es la composición de sus integrantes. La organización ha hecho un llamamiento explícito a gremios técnicos, confirmando que en los barcos y convoyes viajarán brigadas de profesionales de la salud, educadores, ingenieros y equipos de reconstrucción, además de un cuerpo de observadores legales internacionales.
El objetivo declarado es doble y pragmático. Por un lado, ofrecer asistencia humanitaria directa —alimentos, medicinas y material de construcción— a una población asfixiada por el colapso del sistema sanitario y la destrucción de infraestructuras básicas. Por otro, documentar sobre el terreno posibles vulneraciones del derecho internacional y actuar como escudos humanos 'de facto' para intentar proteger a la población civil.
La sombra de la intercepción de otoño de 2025
El anuncio de esta nueva flotilla llega en un momento de máxima tensión política y emocional en Catalunya, produciéndose apenas unos meses después del último intento fallido de romper el cerco marítimo. En el otoño de 2025, una expedición similar partió del puerto de Barcelona en una misión de alto perfil mediático que terminó abruptamente en aguas internacionales.
Embarcaciones de la flotilla en Barcelona
Aquel episodio sigue muy presente en la memoria colectiva de los movimientos sociales barceloneses. La Armada de Israel interceptó los buques cuando se encontraban a unas 70 millas de la costa de Gaza, ejecutando un abordaje militar que terminó con la detención de toda la tripulación y el pasaje. En aquella nave viajaba una destacada delegación institucional catalana, encabezada por la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y el regidor de Esquerra Republicana, Jordi Coronas.
Las imágenes de la intercepción y el posterior traslado forzoso de los activistas al puerto israelí de Ashdod provocaron una tormenta diplomática. Colau, Coronas y el resto de la delegación fueron sometidos a procesos judiciales exprés, retenidos durante días e incomunicados parcialmente antes de ser finalmente deportados. Su detención generó una ola de protestas en la capital catalana, con miles de personas que durante días se movilizaron para pedir su liberación y como protesta.
Barcelona, puerto de resistencia
La elección de Barcelona como uno de los puertos de salida no es casual. La ciudad se ha consolidado en la última década como un hub europeo de solidaridad con Palestina, con un tejido asociativo capaz de organizar la compleja logística que requiere una operación de estas características.
Mientras se ultiman los preparativos para el 29 de marzo, las miradas se dirigen ahora a las autoridades israelíes y a los gobiernos europeos, ante la duda de si permitirán el paso de esta marea humana o si el Mediterráneo volverá a ser escenario de una confrontación diplomática y militar.
