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La plataforma de movilidad Cabify ha anunciado un giro estratégico en su modelo de negocio en Catalunya. A partir del próximo lunes, los taxis tradicionales de Barcelona podrán integrarse en su aplicación.

Esta decisión se produce en un clima de máxima tensión política, mientras el Parlament de Catalunya tramita una nueva normativa que amenaza con restringir drásticamente, o incluso expulsar, la actividad de los vehículos de transporte con conductor (VTC) en la capital catalana.

Este movimiento de la compañía llega apenas un mes después de que el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) dictara una sentencia histórica el pasado 13 de enero, tumbando las restricciones estrella que el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) había impuesto al sector VTC.

El tribunal anuló puntos críticos del reglamento de 2019, como la obligatoriedad de contratar el servicio con una hora de antelación y la prohibición de la geolocalización, al considerar que vulneraban el derecho a la libertad de empresa y resultaban desproporcionadas para el usuario.

Ofensiva comercial

Para atraer al sector del taxi, con el que ha mantenido años de conflictos judiciales y protestas en la calle, la compañía ha lanzado una ofensiva comercial sin precedentes.

Un vehículo de Cabify en Barcelona EFE

Cabify aplicará una "comisión de intermediación" de apenas el 7%, una cifra que la empresa califica como la más competitiva de todo el ecosistema de movilidad digital.

Con esta tasa mínima, la plataforma pretende convencer a los taxistas autónomos de que su aplicación es la herramienta más rentable para canalizar su actividad y aumentar sus ingresos diarios.

Además de la baja comisión, la empresa ha diseñado un plan de incentivos inmediatos para acelerar la adopción de la tecnología. Los taxistas que decidan adherirse a la plataforma recibirán un bono de bienvenida de 100 euros adicionales si completan sus primeros diez trayectos durante la semana de estreno.

Captar nuevos taxis

Esta maniobra busca no solo captar conductores, sino asegurar una masa de vehículos que permita reducir los tiempos de espera de los usuarios desde el primer día de operación conjunta.

Trabajadores de Cabify y otras operadoras de VTC en su protesta en la Diagonal de Barcelona contra el 'decretazo' de la Generalitat Europa Press

Desde la dirección de Cabify, el discurso ha pasado de la competencia directa a la colaboración institucional. Alberto González, director general de la firma, ha defendido que tanto el taxi como la VTC son aliados necesarios para la ciudad, especialmente ante el grave déficit de transporte que sufre Barcelona. Según sus estimaciones, la capital catalana requiere de al menos 4.600 vehículos adicionales para cubrir la demanda actual, un hueco que la integración de ambos servicios podría empezar a rellenar de forma inmediata.

"Nuestro objetivo es colaborar y aportar valor al ecosistema de movilidad en un momento en el que es necesario aumentar el número de vehículos a disposición del usuario", ha señalado el director general de Cabify, Alberto González.

Esta alianza marca un antes y un después en la movilidad barcelonesa. Al abrir su plataforma al taxi, Cabify se asegura una vía de supervivencia en caso de que la ley del Parlament acabe con las licencias VTC, garantizando que su aplicación siga siendo funcional para los ciudadanos. Por su parte, el sector del taxi se enfrenta ahora al dilema de aceptar la oferta tendida de su antiguo rival tecnológico o mantener su pulso por la exclusividad en las calles.

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