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Ante una ola de calor, las recomendaciones son claras: evitar salir durante las horas centrales del día, buscar espacios frescos, beber agua, bajar las persianas y utilizar ventiladores o aire acondicionado.

Son indicaciones pensadas para una ciudadanía que, al menos, tiene un lugar donde refugiarse. Para las personas que viven en la calle, muchas de estas recomendaciones sencillamente no son una opción.

Una dificultad más

El calor añade una dificultad más a una situación en la que necesidades tan básicas como descansar, ducharse o comer ya requieren encontrar cada día un lugar donde poder hacerlo. Según datos del informe Vivir en la calle en Barcelona 2025 de Arrels, el 58% de las personas que viven en la calle tiene dificultad o mucha dificultad para encontrar un lugar cubierto donde descansar durante el día.

Imagen de archivo de una persona en situación de calle en Barcelona Juan Lemus/Arrels Fundació

A la falta de espacios para protegerse de las temperaturas se suma la dificultad para descansar. Según datos de la fundación, una de cada dos personas ha sido despertada por la intervención de equipos de limpieza o de la Guardia Urbana, mientras que cuatro de cada diez han sido desplazadas de su lugar de pernoctación.

Para Arrels, estas situaciones generan inestabilidad, rompen rutinas y dificultan tanto el descanso como los procesos de seguimiento social.

Una situación especialmente complicada

Sara Girón, responsable del equipo de calle de Arrels, explica en conversación con Metrópoli que durante los episodios de calor extremo la situación se vuelve especialmente complicada para quienes no tienen un espacio propio donde protegerse. “Estamos hablando de que estamos en fase de alerta de calor cinco o seis, donde la recomendación a todo ciudadano es no salir de ciertas horas”, señala.

El problema es que para una persona que vive en la calle esa recomendación no tiene una traducción sencilla. No puede quedarse en casa, cerrar las persianas o encender el aire acondicionado. Tampoco tiene necesariamente un lugar donde pasar las horas de mayor temperatura.

Una red que no siempre está pensada para quien vive en la calle

Barcelona dispone desde 2020 de una Red de Refugios Climáticos formada por equipamientos como bibliotecas, centros cívicos y parques y jardines. Estos espacios buscan ofrecer protección ante las temperaturas extremas, pero desde Arrels consideran que no están suficientemente adaptados a las necesidades de las personas que viven en la calle.

Imagen de archivo de una persona en situación de calle en Barcelona Juan Lemus/Arrels Fundació

“Estos recursos no están adaptados ni adecuados para personas en situación de sin hogar”, afirma Girón.

Refugios climáticos específicos

El problema no es únicamente que existan o no espacios donde resguardarse. También influye cómo se puede acceder a ellos y qué ocurre cuando una persona que vive en la calle intenta utilizarlos. Girón explica que existe un estigma hacia estas personas y que, en algunos casos, el personal de equipamientos como las bibliotecas no dispone de formación específica para gestionar determinadas situaciones.

“Hay personas en situación de calle que reciben un gran estigma cuando van a una biblioteca”, explica. El personal de estos equipamientos, añade, “no está preparado porque no es su labor, no tiene la formación adecuada”.

Imagen de archivo de una persona en situación de calle en Barcelona Juan Lemus/Arrels Fundació

Por eso, desde Arrels reclaman refugios climáticos específicos para personas en situación de calle y con profesionales que puedan acompañarlas durante estos episodios.

Además, la disponibilidad de la propia red disminuye durante el verano. Según datos del estudio Sinhogarismo y cambio climático en Barcelona, elaborado por Desca en enero de 2026, los domingos de agosto solo está disponible el 48% de la Red de Refugios Climáticos.

70 plazas para protegerse del calor

Este verano, entre el 1 de julio y el 15 de agosto, se ha habilitado en el distrito de Sant Martí un espacio específico con 70 plazas para que las personas puedan refugiarse del calor.

Para Arrels, sin embargo, la respuesta debe ir más allá de un recurso puntual. “Necesitamos alojamientos de urgencia en cada barrio”, reclama Girón, especialmente para personas con situaciones de alta vulnerabilidad sanitaria.

Desde el equipo de calle ponen como ejemplo a personas mayores que continúan expuestas a las altas temperaturas durante el día. Girón habla de personas de 72 años en situación de calle a las tres de la tarde, cuando las temperaturas pueden encontrarse en sus niveles más altos.

Imagen de archivo de una persona en situación de calle en Barcelona Juan Lemus/Arrels Fundació

“Ahora mismo no hay ningún recurso de urgencia para estas personas, no existen”, afirma.

La propuesta de Arrels pasa, a corto plazo, por disponer de espacios de refugio específicos y accesibles en los barrios, además de alojamientos de urgencia estables y de pequeño tamaño. También reclama ampliar las duchas, los servicios higiénicos y las consignas y aumentar las visitas a las personas que viven en la calle para comprobar su estado de hidratación y detectar posibles problemas de salud.

Refugiarse del calor mientras se espera una solución habitacional

Desde Arrels insisten en que los recursos específicos para episodios de temperaturas extremas son una respuesta necesaria, pero no suficiente. La solución a medio y largo plazo pasa, según Girón, por disponer de alojamiento y vivienda estable.

Mientras esa respuesta llega, la organización reclama recursos que permitan que las personas que viven en la calle puedan protegerse de las temperaturas extremas sin tener que depender de espacios que no siempre están preparados para ellas.

Ante las altas temperaturas, disponer de un espacio donde descansar y protegerse del calor es una necesidad básica. Para las personas que viven en la calle, encontrarlo no siempre es posible, y desde Arrels reclaman recursos específicos y adaptados a esta realidad.

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