La tensión entre los trabajadores de las bibliotecas públicas de Barcelona y el Ayuntamiento de la capital catalana está lejos de rebajarse.
Tras un verano marcado por los paros, los sindicatos han decidido endurecer sus protestas de cara al inminente inicio del nuevo curso escolar y han convocado a todos los profesionales del sector a secundar una gran jornada de huelga el próximo martes, 1 de septiembre.
El objetivo principal de las organizaciones sindicales es lograr un cierre masivo de todas las bibliotecas de la ciudad para visibilizar su malestar. Esta jornada de paralización total culminará con una gran manifestación que tomará las calles a partir de las 11:00 de la mañana, concentrándose en los alrededores del emblemático templo de la Sagrada Família.
Bibliotecas cerradas
El pulso laboral e institucional se remonta al pasado 26 de mayo, fecha en la que comenzó de manera oficial esta huelga diaria de carácter indefinido. Desde entonces, la normalidad ha brillado por su ausencia en estos espacios culturales de la ciudad.
La biblioteca Montserrat Abelló
Durante los meses de mayor calor, aproximadamente una de cada cuatro bibliotecas barcelonesas ha tenido que bajar la persiana definitivamente por la falta de personal suficiente, un hecho especialmente crítico y preocupante dado que muchos de estos recintos están catalogados y actúan como refugios climáticos para proteger a la ciudadanía de las altas temperaturas.
La plataforma Defensem Biblios Barcelona, que aglutina las voces y demandas del colectivo, acusa directamente al gobierno municipal liderado por el alcalde Jaume Collboni de "inmovilismo" y de no haber propiciado ningún avance en la mesa de negociación durante todo el periodo estival.
Un servicio ciudadano sin servicios mínimos
La incertidumbre es la tónica habitual para los usuarios que acuden cada día a su biblioteca de barrio con la esperanza de poder utilizar las instalaciones.
Al no ser considerado legalmente como un servicio de carácter esencial, la Generalitat de Catalunya no ha decretado unos servicios mínimos obligatorios.
Interior de una biblioteca de Barcelona
Esta situación legal implica que cada equipamiento necesita alcanzar un umbral mínimo de trabajadores presenciales para poder abrir sus puertas al público con unas mínimas garantías operativas.
Como el derecho a huelga se ejerce a título individual y los empleados no tienen ningún tipo de obligación legal de notificar su ausencia con antelación a la administración, resulta completamente imposible predecir qué centros abrirán cada mañana.
Cuando no se alcanza la cuota de personal requerida al inicio de la jornada, el edificio permanece cerrado al público, aunque los trabajadores que deciden no secundar el paro continúan realizando tareas internas de organización a puerta cerrada.
Conciliación imposible y sobrecarga de tareas sociales
El comité de huelga de las bibliotecas de Barcelona, que se encuentra integrado por formaciones como la Intersindical y la CGT, denuncia que las condiciones laborales actuales son absolutamente insostenibles a largo plazo.
Uno de los puntos más conflictivos del debate es la actual organización del tiempo de trabajo, que según los afectados imposibilita cualquier atisbo de conciliación entre la vida personal y la familiar.
Una biblioteca de Barcelona
Los empleados detallan que se ven sometidos a turnos rotativos inestables que abarcan de lunes a domingo, viéndose obligados a realizar jornadas partidas que pueden llegar a extenderse hasta 11 horas diarias y afrontando cierres a altas horas de la tarde, rozando las 21:00 de la noche.
Según sus propios cálculos y estadísticas, la plantilla trabaja una media de 18 días más al año que un empleado convencional con una semana laboral estándar de cinco días. Todo ello, denuncian, en un sector que describen como fuertemente "feminizado", "invisibilizado socialmente" y víctima de una precariedad histórica que parece endémica en el ámbito de la cultura.
A esta complejidad horaria se suma una transformación radical en las funciones diarias del personal. Los trabajadores exigen un plus económico por "atención intensiva al usuario", argumentando con rotundidad que su labor ha trascendido con creces el tradicional préstamo de libros o la recomendación literaria.
Biblioteca Montserrat Abelló
Inseguridad ciudadana y plantillas bajo mínimos
El malestar del colectivo también se nutre de una creciente sensación de desamparo e inseguridad frente a los conflictos diarios. Los trabajadores de las bibliotecas denuncian sentirse "abandonados" por las instituciones ante los continuos episodios de agresiones verbales, e incluso físicas, que sufren esporádicamente en las salas de lectura por parte de algunos usuarios conflictivos.
Por este motivo, exigen la implementación urgente de un protocolo específico de seguridad contra las agresiones y la creación de un registro de incidencias.
Finalmente, los sindicatos critican la política expansiva y de gestión del Ayuntamiento de Barcelona, lamentando que se sigan inaugurando edificios culturales mientras se mantienen de forma crónica unas plantillas que operan bajo mínimos.
Consideran que esta falta de optimización y de inversión en recursos humanos deteriora tanto la salud laboral del personal como la calidad del servicio que se ofrece a los ciudadanos.
