Los vecinos de la barriada de Can Rectoret, en el entorno de Vallvidrera y las Planes, viven una pesadilla.
Desde la madrugada del pasado viernes, una fiesta ininterrumpida en un domicilio particular mantiene en vilo al vecindario, que denuncia llevar cuatro días y cuatro noches sin poder pegar ojo.
El hartazgo es aún mayor debido a que esta concentración se produce en un momento de especial sensibilidad en la zona, marcada por las restricciones de acceso al parque natural de Collserola a raíz del brote de peste porcina.
Los residentes afectados aseguran que ya están acostumbrados a que este mismo vecino organice este tipo de eventos cada verano, aunque habitualmente no se alargan más allá del fin de semana.
Agentes de la Guardia Urbana en moto
En esta ocasión, sin embargo, el evento se ha extendido de forma indefinida con alrededor de 25 personas en el interior de la finca, según ha adelantado Betevé. Tras varios intentos fallidos de solucionar el conflicto dialogando directamente con el organizador, los vecinos han recurrido repetidamente a la Guardia Urbana.
Denuncia
El cuerpo local se ha personado en el lugar hasta en tres ocasiones, según han explicado los vecinos al mismo medio.
La dinámica, denuncian los afectados, es siempre la misma: la música baja de volumen ante la presencia policial, pero vuelve a atronar en el barrio en cuanto las patrullas abandonan la calle.
Fuentes municipales han explicado que ha interpuesto una denuncia por ruido al propietario de un domicilio por "la música demasiado alta" en una fiesta.
Guardia Urbana de Barcelona / GUARDIA URBANA
Sin posibilidad de desalojo
Desde el Ayuntamiento confirman que se está haciendo un seguimiento del caso.
Los agentes ya han identificado tanto a los asistentes como al propietario del inmueble y han interpuesto diversas denuncias por alteraciones graves de la convivencia y exceso de ruido.
No obstante, fuentes municipales aclaran que, a nivel legal, el evento no se puede catalogar como una rave clandestina multitudinaria, sino como una fiesta en un domicilio privado que no se encuentra ocupado.
Una agente de la Guardia Urbana / TWITTER GUARDIA URBANA
Esta condición de propiedad privada impide que los cuerpos de seguridad o los antidisturbios puedan irrumpir por la fuerza para detener la música y desalojar a los asistentes.
La versión del propietario
Por su parte, el propietario de la vivienda ha intentado justificar la situación alegando que no se trata de una fiesta, sino de la celebración de un curso de formación para DJ's, y sostiene que en ningún momento se están superando los umbrales de sonido permitidos por la normativa, una versión que choca frontalmente con la desesperación y las quejas del resto del vecindario.
