Anabel lleva un año y medio viviendo en una promoción de vivienda pública de alquiler en la calle Lola Iturbe Arizcuren, en el barrio de la Verneda de Barcelona. Cuando consiguió el piso, agradeció poder acceder a una vivienda asequible y empezar una nueva etapa.
Sin embargo, según denuncia en conversación con Metrópoli, la convivencia en el edificio se ha convertido en una fuente constante de miedo e inseguridad. "Llevo recibiendo acoso vecinal desde que prácticamente entramos a vivir aquí", explica. Además, la vecina asegura haber presentado alrededor de 13 denuncias por los episodios que relata.
Valorar un posible traslado
Preguntadas por este medio, fuentes del Ayuntamiento de Barcelona reconoce que conoce el malestar en la finca. El consistorio matiza que existen denuncias cruzadas entre vecinos que se acusan mutuamente de generar problemas de convivencia.
Mirilla pintada con spray de la puerta de Anabel
También asegura que el Institut Municipal de l'Habitatge i Rehabilitació de Barcelona (IMHAB) mantiene desde el año pasado un proceso de mediación con los afectados y que está estudiando cuál es la mejor solución para resolver el conflicto.
Un piso en la calle República Argentina
De hecho, este lunes, 19 de octubre, la afectada tuvo la oportunidad de visitar otra vivienda, después de que el consistorio la citara para valorar un posible traslado. El piso está en la calle República Argentina y, según explica, pertenece a una promoción de 2009. Pero Anabel salió de la visita con una negativa. "No voy a aceptar", trasladó después de conocer el inmueble.
Anabel reclama una vivienda nueva, de dos habitaciones y con balcón, como la que obtuvo mediante un sorteo público, y considera que la alternativa que le han ofrecido no responde a sus expectativas.
Tras la visita, envió un correo para comunicar su rechazo y pedir que se estudien otras promociones de vivienda pública en Barcelona.
"Me han hecho de todo"
Según el relato de Anabel, el origen del problema se remonta a una queja que trasladó al Consorci de l'Habitatge por el uso del terrado comunitario. Asegura que varias familias permitían que menores subieran por la noche para cenar, escuchar música a un volumen elevado, gritar y dejar suciedad.
Moto de Anabel con huevos
"Yo bajé a reclamar que varias familias dejaban subir a niños menores de edad al terrado comunitario por la noche a liarla y allí empezó la pesadilla", recuerda. Según explica, después de comunicar qué pisos estaban implicados, la entidad gestora llamó la atención a sus ocupantes. Anabel sitúa a partir de ese momento el inicio de las represalias que denuncia.
La mujer asegura que le han roto el coche y la moto, que le han robado la placa del buzón con su nombre y el de su hijo y que ha desaparecido correspondencia, incluida documentación judicial relacionada con procedimientos que ella misma ha iniciado.
También relata otros episodios que, según afirma, se han producido en la puerta de su casa: le habrían dejado una bolsa de basura, le habrían robado el felpudo y varios vecinos habrían subido a gritarle, amenazarla y golpear la puerta de su vivienda. "Me han hecho de todo", asegura.
Una mirilla digital para reunir pruebas
Anabel explica que ha acudido en repetidas ocasiones a los Mossos d'Esquadra para denunciar lo que estaba ocurriendo. Según su versión, los agentes le recomendaron instalar cámaras y una mirilla digital para reunir pruebas. Asegura que ha recopilado fotografías, vídeos y audios de los episodios y que ha remitido ese material a la entidad gestora, sin conseguir hasta ahora la solución que reclama.
La inquilina insiste en que no considera que se trate de simples discusiones entre vecinos. También cuestiona la respuesta que, según relata, recibió de una mediadora municipal después de enviarle imágenes y grabaciones. Anabel asegura que la profesional le aconsejó acudir al psicólogo para aprender a convivir con sus vecinos.
Pintadas en una pared del bloque de viviendas de Anabel
"¿Cómo le puedes decir a una persona que la están acosando que tengo que ir yo al psicólogo en vez de solucionar vosotros el problema?", recuerda que respondió. Para ella, la cuestión no es aprender a soportar la situación, sino conseguir que los episodios que denuncia dejen de producirse.
Su hijo "se marchó de casa por miedo"
El conflicto también ha tenido "consecuencias" para su hijo, de 24 años, que terminó abandonando la vivienda. Anabel sostiene que "se marchó por miedo" a lo que estaba ocurriendo en el edificio.
Según su relato, hace poco un vecino se encontró con él por la calle e intentó agredirlo con la muleta que utiliza. Un amigo que acompañaba a su hijo habría intervenido al advertir lo que estaba sucediendo. "Si no, mi hijo a día de hoy tendría las costillas rotas", asegura. Según explica, el joven también ha presentado una denuncia por estos hechos.
La preocupación por su familia se suma a la "sensación de inseguridad" que describe dentro de su propia casa. "Tengo mucha ansiedad, mucho insomnio y mucho miedo", relata la vecina. Además, asegura que, pese a las denuncias y las pruebas que afirma haber aportado, sigue "sin sentirse protegida" en el lugar donde vive.
Un informe social recomienda valorar el traslado
Las consecuencias emocionales que relata aparecen también en un informe social del CSMA Horta, fechado el 4 de septiembre de 2026. El documento al que ha tenido acceso este digital, elaborado por una trabajadora social que la atiende en el ámbito de la salud mental, recoge que la paciente refiere una problemática vecinal sostenida en el tiempo, con amenazas y acciones contra su vivienda y sus propiedades.
Además, señala que esta situación le genera "inestabilidad y descompensación emocional" y que tiene efectos significativos en su vida cotidiana. Ante estas circunstancias, la profesional recomienda "valorar un cambio de vivienda a un entorno sin esos factores de estrés, para prevenir un mayor empeoramiento de su estado clínico". El informe especifica que se elaboró a petición de la interesada y que no tiene carácter pericial.
Cuatro horas sin ser atendida
Antes de visitar el piso de la calle República Argentina, Anabel ya había intentado conseguir un traslado por distintas vías. Según su versión, desde Habitatge le indicaron que debía esperar dos años para solicitar un cambio de vivienda o presentar una sentencia favorable.
"En mi contrato no pone nada de que yo tenga que estar dos años obligada aquí", protesta.
También asegura que una trabajadora social que la atiende en el ámbito de la salud mental contactó con los servicios sociales de Sant Martí para solicitar la apertura de un expediente y la elaboración de un informe de vulnerabilidad que respaldara su petición. Anabel sostiene que el expediente no se abrió y que continuó esperando una respuesta. Asimismo, afirma haber buscado ayuda del Síndic de Greuges.
Una mediación abierta y una nueva petición de traslado
El Ayuntamiento mantiene que el IMHAB está mediando entre los vecinos desde el año pasado y que estudia cómo resolver la situación.
La promoción de Lola Iturbe Arizcuren cuenta con 40 viviendas de protección oficial de alquiler y fue diseñada mediante construcción industrializada, con estructura de madera, cubierta verde e invernadero solar.
Para Anabel, la prioridad ahora es poder abandonar el edificio en el que asegura vivir con miedo. La primera vivienda que ha visitado no le ha convencido y ha pedido "que se valore otra opción".
Mientras espera una respuesta, mantiene su denuncia sobre los episodios que, según explica, han marcado su vida desde que llegó a la promoción. Su petición es poder trasladarse a una vivienda donde no tenga que convivir con la situación que describe y "recuperar la tranquilidad en su día a día".
