Barcelona suma una nueva dirección a su ya consolidada escena de la coctelería con la llegada de Mugi, un bar que mira a Japón sin perder de vista el Mediterráneo. El proyecto nace de la mano de Ibrahima Genne y Lorenzo Cisi, dos bartenders con trayectorias internacionales que apuestan por una propuesta donde la tradición japonesa dialoga con influencias europeas y latinas.
El nombre no es casual: Mugi significa cebada en japonés, un ingrediente muy presente tanto en destilados nipones como en la filosofía del local. Tras varios años trabajando en restaurantes y coctelerías de Londres, ambos profesionales eligen Barcelona para desarrollar una idea propia, centrada en el sabor y la técnica, lejos del efectismo.
Una apuesta personal en una ciudad exigente
Abrir una coctelería en Barcelona supone competir en una de las plazas más exigentes del sector, y Genne y Cisi son plenamente conscientes. Aun así, deciden dar el paso con una propuesta diferenciada que se apoya en la tradición japonesa, pero sin recurrir a clichés ni a una ambientación temática excesiva.
Mugi Bar en imagen de archivo
La inspiración se acerca más al concepto de izakaya, un bar informal japonés, donde prima la cercanía con el cliente y el disfrute pausado. “Queríamos combinar ingredientes japoneses auténticos con nuestro propio lenguaje”, explica Genne, en una declaración que resume el espíritu del proyecto.
Un local discreto con guiños orientales
Mugi se ubica en Muntaner 152, una calle que concentra algunas de las coctelerías más reconocidas de la ciudad, tanto clásicas como contemporáneas. La elección del emplazamiento refuerza la voluntad del proyecto de situarse en el centro del debate coctelero barcelonés.
En lo estético, el local huye de la recreación literal de Japón. Destacan un mural con dos demonios enfrentados y la cuidada selección de whiskies y sakes visible tras la barra. El resto del espacio mantiene una línea sobria: luces bajas, paredes de ladrillo visto y una atmósfera pensada para la conversación.
La barra como epicentro de la experiencia
Nada más entrar, una larga barra de madera de olmo marca el ritmo del local y se convierte en el mejor lugar para observar a los bartenders en acción y dejarse aconsejar. Al fondo, varias mesas completan el espacio, acompañadas por música Hi-Fi que suena desde vinilos.
Mugi Bar en imagen de archivo
La carta mantiene la misma filosofía de contención. Es minimalista y se estructura en torno a 15 cócteles de autor, además de una cuidada selección de sakes de distintas graduaciones alcohólicas.
Cócteles que priorizan el sabor
La experiencia comienza con un pequeño gesto de bienvenida: un chupito de té matcha con arroz tostado. A partir de ahí, la carta se divide en tres capítulos claramente definidos, con presentaciones sencillas que ponen el foco en el equilibrio y el sabor, no en el espectáculo visual.
En el apartado Highballs aparecen combinaciones largas y refrescantes, como la de manzana y granate con gin Roku y vermut, la de vainilla y cebada con vodka Haku o la de ciruela y haba tonka elaborada con whisky Suntory Toki y licor de ciruela.
Sake, shochu y destilados de tierra
El segundo bloque, Sake y Shochu, gira en torno a estas bebidas japonesas, con propuestas como jazmín y kokuto, mugi y oolong, o hinojo con té sencha. Son cócteles delicados, pensados para resaltar los matices de los ingredientes base.
El recorrido se completa con Koji y Tierra, donde el tequila y el mezcal toman protagonismo en combinaciones como tamarindo y jengibre, piña con amazake, bebida de arroz fermentado, o pomelo con yuzu kosho. La carta incluye también opciones sin alcohol para quienes prefieren una experiencia más ligera.
Sakes y cocina para acompañar
En coherencia con su identidad, Mugi ofrece una quincena de referencias de sake, con distintos perfiles aromáticos y niveles de graduación, pensadas tanto para iniciados como para curiosos.
Mugi Bar en imagen de archivo
Para acompañar, la propuesta gastronómica se resuelve con una media docena de snacks japoneses, entre los que figuran edamame picante, gambas en tempura, tataki de atún, tartar de atún con arroz crujiente y pollo al estilo katsu sando.
Horarios a la japonesa
Aunque el foco está en la coctelería de autor, en Mugi también preparan cócteles clásicos, reinterpretados con un enfoque nipón. Todo ello se enmarca en una forma de entender el ocio más cercana a Japón que a Barcelona.
Por eso, el local abre sus puertas a las 17:00 horas, un horario más temprano de lo habitual en la ciudad y alineado con la tradición japonesa de salir a beber después del trabajo. Una declaración de intenciones más de una coctelería que apuesta por la identidad, la técnica y el tiempo bien invertido.
