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Con la llegada del otoño vuelven a apetecer los platos calientes, las sopas y los guisos de cuchara. Y para prepararlos no siempre hace falta acordarse la noche anterior de poner las legumbres en remojo.

Un bote de garbanzos cocidos puede convertirse en la base de una comida reconfortante en apenas unos minutos.

Pedro, cocinero, tiene un truco muy sencillo para sacarles mucho más partido: aplastar una parte de los garbanzos durante la cocción y mezclarlos de nuevo con el caldo.

“El error es pensar que los garbanzos de bote solo hay que escurrirlos y echarlos tal cual a la cazuela. Si machacas unos pocos, el guiso cambia completamente de textura”, explica.

Al romper algunos garbanzos, su interior se mezcla con el líquido y ayuda a espesarlo de manera natural. De esta forma se puede conseguir un plato más untuoso y consistente sin necesidad de utilizar harina, maicena o grandes cantidades de nata.

Potaje de garbanzos y collejas Wikimedia Commons

El truco perfecto para los guisos de otoño

Para Pedro, una de las grandes ventajas de los garbanzos de bote es precisamente que ya están cocidos.

“En otoño son un recurso fantástico porque puedes montar un plato de cuchara en muy poco tiempo. No necesitas una cocción de horas”, señala el cocinero.

Su propuesta es empezar con un sofrito sencillo de cebolla y ajo y añadir después las verduras disponibles en casa.

Calabaza, setas, acelgas, espinacas o boniato son algunas de las opciones que mejor encajan en esta época del año. También se pueden utilizar zanahoria, puerro, tomate o especias como comino y pimentón. En su caso, recomienda complementar el plato con pollo.

Una vez que el conjunto ha cocido durante unos minutos, llega el momento del truco.

“Yo cogería un cucharón de garbanzos, los aplastaría con un tenedor y los devolvería a la cazuela. En cuanto lo mezclas, notas que el caldo empieza a coger mucho más cuerpo”, explica Pedro.

Otra posibilidad consiste simplemente en presionar algunos garbanzos contra el lateral de la olla con una cuchara de madera.

Garbanzos / Freepik

No hace falta triturarlos todos

Pedro insiste en que el objetivo no es convertir el plato en un puré.

“Lo interesante es mantener dos texturas. Hay que dejar la mayoría de los garbanzos enteros y machacar solo una pequeña parte”, recomienda.

Así, los garbanzos enteros siguen aportando mordida mientras los triturados ayudan a espesar el caldo.

“Es un truco que da sensación de guiso cocinado durante mucho más tiempo, aunque hayas partido de una conserva y lleves apenas unos minutos en la cocina”, añade.

Para quien quiera una textura todavía más cremosa, el cocinero propone una segunda opción.

“Puedes sacar uno o dos cucharones del guiso, triturarlos con la batidora y volver a echarlos. Queda muy bien, aunque personalmente prefiero el tenedor porque deja una textura más rústica.”

Un bote puede resolver una comida en pocos minutos

Como los garbanzos de conserva están ya completamente cocinados, Pedro recomienda añadirlos cuando las verduras estén prácticamente hechas.

“No necesitan estar media hora hirviendo. Lo que quieres es que cojan el sabor del sofrito y del caldo, no volver a cocinarlos desde cero”, explica.

Para preparar un guiso sencillo, su fórmula es sofreír cebolla y ajo en aceite de oliva, incorporar alguna verdura, añadir caldo o tomate y terminar con los garbanzos.

Una combinación que recomienda especialmente en otoño es la de calabaza, cebolla, garbanzos, caldo y pimentón.

“Cuando la calabaza esté tierna, puedes machacar algunos garbanzos junto con un par de trozos de calabaza. Eso espesa muchísimo la salsa y queda muy cremoso sin necesidad de añadir nada más”, asegura.

¿Hay que lavar los garbanzos de bote?

Aquí Pedro distingue entre el tipo de receta que se vaya a preparar.

“Para una ensalada sí me gusta escurrirlos y enjuagarlos bien, sobre todo porque quieres que queden limpios, sueltos y sin exceso de líquido”, explica.

En cambio, cuando se trata de un guiso, considera que no siempre es imprescindible eliminar todo el líquido de la conserva.

El líquido que acompaña a los garbanzos, conocido como aquafaba, contiene almidones y otros compuestos procedentes de la legumbre.

“En un guiso puedes aprovechar una pequeña cantidad porque también ayuda a dar cuerpo. Eso sí, hay que probar siempre antes y vigilar la sal”, advierte Pedro.

Su recomendación es no echar automáticamente todo el contenido del bote: “Yo escurriría la mayor parte y reservaría un poco del líquido. Después puedes decidir si el guiso necesita más espesor y añadir una cucharada o dos.”

El gesto que transforma un bote de garbanzos

Para Pedro, el secreto está en dejar de considerar los garbanzos en conserva únicamente como una solución rápida para ensaladas.

“Un bote de garbanzos te puede solucionar perfectamente un plato de cuchara. Solo hace falta darle un poco de gracia con un sofrito, verduras y un buen caldo”, explica.

Y justo antes de terminar la cocción llega el gesto que marca la diferencia: retirar unos cuantos garbanzos, aplastarlos y devolverlos a la olla.

“Son treinta segundos y el resultado cambia mucho. El caldo queda más ligado, más cremoso y parece un guiso mucho más trabajado”, resume el cocinero.