La comunidad educativa del Centro de Formación de Adultos (CFA) Sant Adrià de Besòs ha dicho basta. Desde el 2018, los docentes de la sede ubicada en la calle de Federica Montseny, en el barrio del Besòs, se ven obligados a asumir tareas que nada tienen que ver con la enseñanza: abrir y cerrar el edificio, gestionar las alarmas, vigilar los accesos y transportar material entre sedes.
Esta situación, denuncian, ha generado una sobrecarga laboral insostenible y una precariedad que afecta directamente a la calidad de las clases.
Unificación de centros
El origen del conflicto se remonta a la unificación de lo que antes eran dos centros independientes a ambos lados del río Besòs.
Al convertirse en un único centro con dos sedes alejadas entre sí, la administración entendió que solo era necesario un conserje.
Mientras que la sede de la calle Joan Fiveller, en el centro del municipio, cuenta con personal de conserjería proporcionado por el Ayuntamiento, la sede de Federica Montseny --titularidad de la Generalitat de Catalunya-- ha quedado totalmente desamparada.
El centro de formación de adultos de la calle de Joan Fiveller
Pelotas fuera entre departamentos
Desde el sindicato de profesores de secundaria ASPEPC-SPS denuncian a Metrópoli que la Generalitat lleva años "pasándose la pelota" sin aportar una solución.
En declaraciones a este medio, el delegado sindical de profesores de secundaria, Giovanni Pelegi, explica que la titularidad del edificio baila entre el Departament de Drets Socials y el de Educació. "He intentado hablar con ambos; uno dice que es cosa del otro y, mientras tanto, nadie pone al conserje", lamenta el representante sindical.
Una supuesta falta de presupuesto
Esta falta de definición administrativa ha cronificado un problema que la dirección del CFA lleva reportando formalmente desde hace siete años.
La última respuesta recibida por parte de la Generalitat apela a la falta de presupuesto, una excusa que los docentes consideran inaceptable para una necesidad tan básica. "Se unificaron las sedes para ahorrar dinero, pero a costa de aumentar la precariedad de los trabajadores", aseguran desde el sindicato.
Interior de uno de los centros de formación de adultos de Sant Adrià
Clases interrumpidas
La ausencia de personal de administración y servicios (PAS) no es solo una cuestión de carga de trabajo, sino de seguridad.
Al no haber nadie en la puerta, el profesorado debe interrumpir sus clases cada vez que alguien llama al timbre para atender la entrada.
Inseguridad
Esto genera una "inseguridad permanente" ante posibles robos o accesos de personas ajenas al centro, además de obligar a los docentes a realizar horas extra para asegurar que el edificio quede correctamente cerrado y con la alarma conectada por las noches.
"No me quiero ni imaginar qué pasaría en un instituto ordinario si no hubiera conserje", reflexiona el delegado de ASPEPC.
Los profesores, que ya denuncian estar saturados por sus funciones lectivas, deben además cargar con el transporte de material pedagógico entre las dos sedes, que no están bien conectadas físicamente.
Interior de uno de los centros de formación de adultos de Sant Adrià
La situación ha llegado a un punto en el que la resignación ha dado paso a un enfado profundo por la inacción de una administración que ignora sistemáticamente sus peticiones.
Un problema extendido en Catalunya
Desde el sindicato advierten que, aunque el caso de Sant Adrià es especialmente sangrante por la división en dos sedes, la falta de personal de apoyo es un mal que afecta a muchos Centros de Formación de Adultos en toda Catalunya.
La sensación de ser "el último eslabón" del sistema educativo es generalizada entre el colectivo, que exige que Educació se responsabilice de una vez por todas de la dotación de personal necesaria para el funcionamiento normal del centro.
Medidas provisionales urgentes
Mientras no se provea la plaza de conserje de forma definitiva, los trabajadores exigen medidas provisionales urgentes.
Piden que se libere al profesorado de estas tareas ajenas a la docencia para evitar riesgos laborales y garantizar que los alumnos adultos de Sant Adrià puedan recibir sus clases sin interrupciones constantes.
El aviso es claro: tras siete años de espera, la paciencia del CFA Sant Adrià se ha agotado.
