Quienes trabajamos en el ámbito político o regulatorio sabemos que la normativa rara vez irrumpe de golpe; casi siempre avanza con el pulso social, por acumulación. Una directiva europea, una enmienda aparentemente técnica, un cambio en el sentir ciudadano o en el equilibrio parlamentario… A veces pasa desapercibido, pero un día, sin previo aviso, llega. Y las empresas, asociaciones y ciudadanía deben adaptarse.

Aunque llevo 15 años en el ámbito del derecho y los asuntos públicos, esta lección me llegó pronto, cuando empecé mi carrera en Bruselas, en un sector tan regulado como el energético. Allí entendí que anticipar no es ni adivinar ni vender remedios mágicos, sino estudiar, conocer, analizar… en definitiva, leer bien el contexto, escuchar a cada actor y, sobre todo, asumir que la regulación no es un obstáculo que esquivar, sino un marco dentro del cual se construye competitividad, innovación y legitimidad.

Esa convicción es la que ha guiado mi trabajo desde entonces y la que explica, en buena medida, que yo me uniese a Political Intelligence (PI), agencia decana de los asuntos públicos en nuestro país que este 2026 cumple 25 años acompañando a empresas, asociaciones e instituciones en su relación con el entorno político y regulatorio en España.

En este tiempo, los asuntos públicos se han profesionalizado, y han dejado de ser una función residual o reactiva para convertirse en una pieza estratégica para las organizaciones. Ya no basta con reaccionar cuando una norma llega al BOE: hoy las organizaciones necesitan entender antes, participar mejor y decidir con más información. Y eso exige algo más que conocimiento técnico; exige diálogo, honestidad y comprensión mutua.

Sin embargo, ese diálogo entre empresas e instituciones no siempre fluye con naturalidad, y en ocasiones se mueve entre la desconfianza mutua, tiempos desalineados y lenguajes distintos. El reto no es aferrarse a una de las posturas y pelearla hasta el final, sino construir puentes y entender -y hacer entender- que, al final del día, todos remamos a favor de lo mismo.

Por eso creemos tanto en la generación de espacios de conversación diferenciales. Espacios donde el intercambio no esté condicionado por la urgencia del titular ni por la rigidez del procedimiento. Y de ese espíritu nace el encuentro que celebraremos este 12 de febrero junto a Juno House, con la participación de la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz.

Juno House no es solo un lugar donde ocurren cosas: es una comunidad que entiende que liderazgo, talento y transformación social forman parte de la misma conversación. PI y Juno compartimos esa mirada. Y en un contexto de incertidumbre económica, cambios demográficos acelerados y transformación tecnológica, hablar de mercado laboral implica necesariamente hablar de talento, inversión, inclusión, migración, formación y colaboración público-privada.

Durante la conversación abordamos cuestiones que están ya en la agenda de cualquier empresa: la dificultad para conectar el talento y las necesidades de las empresas, el impacto de la digitalización y la transición verde en el empleo, o cómo compatibilizar competitividad empresarial y protección social.

Pero también otras que, a veces, se abordan con menos profundidad: la diversidad como activo económico, la migración como respuesta estructural a retos demográficos o la necesidad de generar confianza en un entorno cada vez más fragmentado.

En PI sabemos que, cuando las empresas entienden mejor las prioridades públicas, toman decisiones más sólidas, y que cuando las instituciones escuchan al tejido productivo y a la sociedad civil, las políticas son más realistas y eficaces. El problema, en no pocas ocasiones, es la falta de espacios donde esos datos se comparten y se discuten con honestidad.

La evolución de los asuntos públicos ha ido precisamente en esa dirección: de reaccionar a analizar, construir posiciones y anticipar, y de incorporar a medios, sociedad civil y otros actores clave en las decisiones que les afectan. Hoy, nuestra labor consiste en ayudar a nuestros clientes a moverse en esa complejidad con criterio, método y responsabilidad.

En Political Intelligence nos gusta decir que somos artesanos porque nuestro trabajo no es industrial ni automático, sino que requiere de seguimiento constante, análisis fino y una comprensión profunda de los contextos políticos, económicos y sociales. No nos quedamos en el diagnóstico, sino que acompañamos a las organizaciones en la construcción de relaciones, narrativas y alianzas que tengan sentido en el medio-largo plazo. Esa, para mí, es la resolución de un trabajo bien hecho.

Después de un cuarto de siglo en el sector, en Political Intelligence la conclusión es clara: el diálogo entre empresas e instituciones no es un gesto cosmético, es un pilar y una necesidad democrática y económica. El futuro del trabajo no se improvisa, sino que se construye con datos, con escucha activa y con decisiones coordinadas entre quienes regulan, quienes invierten y quienes trabajan. Y ese es, hoy más que nunca, el verdadero valor de los asuntos públicos.