Esquerra Republicana ha elegido a su alcaldable. Y esta vez el gen suicida que siempre anida en los republicanos ha quedado anulado. Elisenda Alamany ha recabado 427 apoyos y será la candidata de ERC en las elecciones.
No tiene enfrente ninguna candidatura alternativa, algo que, si se hubiera producido, hubiera sido letal para los republicanos. Alamany es la secretaria general de ERC, número dos del partido, y perdió el último pulso congresual. Repetir la historia hubiera sido toda una tortura para un partido que todavía está curando las heridas de la última batalla interna.
Por eso, considero que ERC ha resuelto bien el entuerto. Ahora le tocará a Alamany coser una candidatura donde estén todas las sensibilidades ante unas elecciones que a buen seguro cambiarán el mapa político municipal y donde ERC debe decidir, de una vez, si entra o no en el ejecutivo municipal.
Collboni, según todas las encuestas, sigue manteniendo una cómoda mayoría, pero necesitará socios para construir un gobierno estable. En esta legislatura se ha movido con soltura, pero gobernar con 10 concejales es un sinvivir. Eso sí, el alcalde Collboni tiene una idea de ciudad y una agenda definida, pero la vivienda, el transporte y la movilidad llena de agujeros por las obras son problemas que requieren soluciones de carácter urgente. Tiene margen, pero no puede dormirse en los laureles.
Barcelona necesita un gobierno más estable porque en 2027 vendrán curvas. Todavía no hay candidatos de Vox y Aliança Catalana, pero aun sin ellos, los partidos suben en las encuestas.
Gonzalo de Oro Pulido llegó al consistorio como un desconocido y se irá como tal. No parece que su trabajo haya gustado al todopoderoso Ignacio Garriga, que le está buscando sustituto. Su segundo en el Parlament, su primo Juan Garriga, dicen que tiene muchos números. Pero el secretismo de Vox es inescrutable y no hay nada definido.
Unos dicen que Juan Garriga no quiere ni en broma ir al consistorio y otros dicen que el candidato no está cerrado. Lo único cierto es que la formación ultra puede dar el sorpaso al PP de Daniel Sirera.
Sirera ha hecho lo que se esperaba de él en la oposición, pero el PP no tiene en Cataluña el aire de cola. La incertidumbre en el liderazgo de Alejandro Fernández no ayuda y el papel de Feijóo como líder, mucho menos. Esto y un Vox en ascenso pueden relegar a los populares a un papel más que testimonial. El tiempo apremia para buscar un revulsivo.
En la bancada nacionalista, Junts y Aliança Catalana están a la busca y captura de candidato. Una especie de Operación Triunfo independentista. Sin embargo, una diferencia.
Mientras Junts desgrana la margarita sin entusiasmo y los candidatos huyen a la carrera dejando en la bancada a Jordi Martí y a Josep Rius, ambos con un conocimiento nulo entre la ciudadanía, para liderar un partido en horas bajas.
En Aliança, la propia Silvia Orriols está llevando el casting. Parece que un profesional de reconocido prestigio y ligado al Barça, y por tanto conocido, podría ser el candidato. Se han visto, se han gustado, pero el posible candidato lo está consultando con la almohada. Tiene el viento a favor, sin lugar a dudas. Veremos si en unos días tendremos fumata blanca.
También en una semana tendremos fumata en los comunes que están protagonizando unas primarias más bien sosas. Bob Pop y Gerardo Pisarello no es que estén muy activos. Pisarello se considera ganador —ojo con lo que deseas— y me ha dejado petrificado cuando se ha comparado con el alcalde de Nueva York, Zhoran Mamdami. Dice que son iguales porque ambos son extranjeros.
En eso sí, pero Mamdami llevaba de la mano la ilusión. Pisarello la ha perdido hace años. La comparación no cuela, señor Pisarello.
El sudoku maldito de las candidaturas se está cerrando. Solo quedan Vox y Aliança, y ambos pueden permitirse marear la perdiz porque las encuestas van a favor, los comunes están en ello y Junts sigue en su limbo. A ellos sí que les apremia el tiempo. Están, de hecho, en tiempo de descuento.
