El pleno del Ayuntamiento de Barcelona aprobó la semana pasada una moción de ERC, a la que se sumaron JxCat, PP y Vox, para aumentar las becas comedor de infantil, primaria y educación especial hasta el 50% de los alumnos.
Además, las becas que ahora cubren el 70% del coste subirán hasta el 100%.
El consistorio no está obligado a seguir la recomendación. La propuesta, en realidad, es más interesante por lo que revela del grupo republicano. Como todo el mundo sabe, el reparto indiscriminado de los recursos públicos en concepto de ayudas se convierte en una subvención para las rentas más altas.
Ninguna comunidad autónoma española, por ejemplo, concede ayudas de comedor sin tener en cuenta la renta de las familias.
Sin embargo, ERC se lanza con el único objetivo, aparente, de asestar una derrota al equipo del socialista Jaume Collboni.
Eso tendría más sentido si socialistas y republicanos no mantuvieran una vía de negociación permanente en el Congreso de los Diputados, el Parlament y el Ayuntamiento de Barcelona.
Y aún sería más coherente si su portavoz en Madrid no tratara de agrupar a las formaciones a la izquierda del PSOE de toda España en pos de una fórmula que impida la pérdida de votos que supone su dispersión en las elecciones generales.
El paso que ha dado Gabriel Rufián choca abiertamente con la posición ultraliberal de su partido en las becas comedor. Como también chirría con la secretaria general de ERC cuando menosprecia, supremacista, a las comunidades autónomas donde él mismo tratará de catalizar el voto de la izquierda del PSOE.
Aunque cabe la posibilidad de que el equivocado sea él, no Elisenda Alamany. Porque la historia nos dice que el sitio de ERC no está en la izquierda del espectro político, a la par que Más Madrid, Podemos o Compromís.
Su participación en los tripartitos liderados por Pasqual Maragall (2003-2006) y José Montilla (2006-2010) no le emplazaba como competidor electoral de ICV-EUiA, sino como una pieza moderada de una oferta que abarcaba el centro izquierda, a los socialistas y a la izquierda de estos.
Cuando luego, en 2015, se integró en la coalición electoral con CDC que dio lugar a Units pel Sí –entre los dos perdieron nueve diputados respecto a 2012--, ERC tampoco representaba a la izquierda de los socialistas, sino al centro izquierda nacionalista.
Para encontrar algo parecido al movimiento de Rufián hay que remontarse a 1977, a las primeras elecciones generales de la democracia. Pese al papel en la memoria histórica de algunos de sus militantes, como el propio Josep Tarradellas, ERC había estado desaparecida desde el final de la guerra.
Heribert Barrera, su presidente, sabía que no tenía posibilidades y que tampoco las tenían otras viejas formaciones republicanas. Así que terminó por aliarse con el Partido del Trabajo, una organización de inspiración maoísta producto de las múltiples escisiones de la izquierda radical del momento.
Y consiguieron un escaño, el del propio Barrera.
