¿Por qué llamamos teléfono móvil a un aparato que es incapaz de moverse por sí solo y necesita a un humano para ir de un sitio a otro? Misterio. El término anglosajón Cellular tampoco es especialmente brillante, ya que todos estamos compuestos de células y eso no es una exclusiva del móvil (o más bien movible, trasladable o transportable).
Pero todos nos hemos puesto de acuerdo para llamar móvil a ese trasto que llevamos en el bolsillo, aunque quienes se muevan seamos nosotros. A dónde vayamos y lo que hagamos o dejemos de hacer allí no es responsabilidad del móvil, sino nuestra. Así pues, no podemos echarle la culpa a tan trascendental invento de que el recurso a la prostitución en Barcelona se incremente un 30% con la celebración del ya asentado Mobile World Congress.
Da igual si se celebra un cónclave de fontaneros, neurocirujanos, premios Nobel de Literatura o visionarios de la telefonía móvil. A todos les pica por igual cuando están lejos del hogar, y muchos se animan a probar las ofertas de la prostitución local, cuyos amos y siervos hacen el agosto en marzo.
¿Debería preocuparnos esta tendencia sexual por parte de un sector de los asistentes a nuestro Mobile? ¿Debería Gerardo Pisarello sumar los puteros a los judíos en su plan de rechazar la llegada de según que gente?
En fin, que el señor Pisarello haga lo que quiera. Yo creo que el recurso al puterío no debería ser asunto nuestro, siempre que se lo financien de su bolsillo. Lo que, a menudo, no es el caso, ya que todo el que puede incluye sus felaciones en la nota de gastos que le pasa a la empresa.
De eso se quejaba el otro día, en nuestro diario hermano, Crónica Global, la mítica Juani (como con Madonna o Beyoncé, aquí no hacen falta apellidos), propietaria del célebre local de desinhibida pornografía Bagdad, quien comentaba que este año se está produciendo una preocupante bajada del consumo por parte de sus clientes extranjeros (especialmente los asiáticos).
Parece que cuando podías pasarle a la empresa tus gastos en libertinaje, el negocio iba viento en popa, pero desde que los juerguistas han sido puestos en su sitio por sus jefes, la cosa ha decaído un tanto.
Que tu empresa te tenga que costear los servicios sexuales y las francachelas en el Bagdad es de traca, pero puede que España no sea el país más adecuado para censurar esas prácticas, si tenemos en cuenta que es lo que hacía un ex ministro del actual gobierno que actualmente pernocta en el penal de Soto del Real y al que, solidariamente, pero sin saberlo, le financiamos las furcias entre todos los contribuyentes.
El auge de la prostitución entre congresistas es la prueba de que el progreso social solo se da en la tecnología, ya que nuestras necesidades siguen siendo las mismas que cuando Sócrates y Platón. La tecnología avanza incansablemente, pero la condición humana permanece inalterable a lo largo de los siglos. ¿Que tu empresa te envía a Barcelona a colaborar en el esplendor de la telefonía móvil? Pues aprovechas para irte de putas y, si es posible, le enjaretas la factura a tu jefe, que para eso está, el muy cabronazo.
Según la gran Juani, el día ideal del congresista del Mobile es el domingo porque puede ir a misa en la Sagrada Familia por la mañana, a ver un partido del Barça por la tarde y a visitar su local por la noche, ya sea en primera fila o algo más lejos, si tiene miedo a que lo salpiquen. A ser posible, todo ello gratis total gracias a una empresa comprensiva con las necesidades de esparcimiento de sus asalariados.
Comer, beber y follar, las urgencias de todo ser humano, figuran en lugar muy alto en la lista de prioridades de los señores congresistas. Con la actitud poco comprensiva de sus empresas, que ahora se resisten a financiarles sus escapismos, se resienten el gremio de la prostitución y lugares legendarios como el Bagdad. Me temo que un día de éstos, los perjudicados por la actitud ahorradora de las grandes empresas de telefonía móvil puedan montarle al alcalde Collboni una manifestación de protesta en plena plaza Sant Jaume.
