Acabados los viacrucis de Semana Santa, continúa el más largo viacrucis de Renfe. Cuando se cumplen casi veinte años de la publicación del libro Renfe: la vergonya (vergüenza). Su autora, Elena Martínez (1983).
Firma el prólogo el entonces periodista y ahora diputado Francesc Marc Álvaro. Dice así: “éste es un libro contra la pérdida de un tiempo irrecuperable”. Añade: “si has sido víctima de Renfe, éste es tu libro”.
Publicado por Ara Llibres, se adjuntaba una pegatina de solapa para pasajeros con el lema Renfe: la vergonya. Es una antología de textos de diversos diarios y de personajes que cuentan o mienten sobre una de las desgracias de España, que son los trenes.
“Yo naufrago un día sí y otro también a bordo de los trenes de Rodalies de Renfe. […] Es un destino trágico que se repite diariamente, como una pesadilla de película, y no puedo hacer nada, sólo cagarme en la madre que los parió”, se alivia Álvaro.
Añade un diccionario de diez palabras escuchadas durante sus penosos trayectos. Son: “Absurdo. Colonialismo. Degradación. Desinformación. Desprotección. Impotencia. Impunidad. Indiferencia. Mentira. Menosprecio”.
La primera noticia data de 2007 en la revista En punto, publicación de Renfe Operadora. El titular insulta a sus víctimas y las remata así: “Renfe es capaz de dar un servicio con calidad, fiabilidad, seguridad y puntualidad a todos sus clientes”.
Aquel año hubo 1.100 trenes afectados por incidencias. Un millón y medio de perjudicados en siete meses. Fomento invirtió la mitad en Rodalies Barcelona que en Madrid. Era cuando se estrenaron tramos del Ave entre Córdoba y Antequera, y entre Lleida y Tarragona.
Protagonista de las desgracias era la ministra de Fomento Magdalena Álvarez, que culpaba de su propia incompetencia al PP. En 2006, Manuel Benegas, director general de Adif, culpó de otro fiasco en el Empordà a “una tromba de agua que sólo pasa cada mil años”. Falso.
Algunas lindezas en las redes sociales se leían en comentarios como “estamos hartos de ser tratados como borregos”. A la vez que se alentaba a cortes, manifestaciones y acciones directas contra Renfe.
El 2006 fue otro calvario. Averías que afectaron a medio millón de viajeros. Con incidencias tan dramáticas como el 13 de noviembre, cuando decenas de pasajeros quedaron atrapados dentro de un túnel en la estación de Sants y tuvieron que salir por su propio pie.
La primera avería de 2007 fue en el sistema de señalizaciones de la estación de França. Cincuenta personas ciegas se manifestaron en Sants porque las máquinas expendedoras no eran accesibles para invidentes.
Escrito así parecería un esperpento cinematográfico de Berlanga, si no fuese porque era y es una maldición cotidiana. Hasta el punto que el problema fue llevado a la Comisión Europea. J.L. Zapatero prometió que el caos de Renfe “se acabaría a medio término”.
La lista de reclamaciones y las respuestas de Renfe esquivando responsabilidades superan la desfachatez. Así que cuando algún viajero pide “motosierra”, “todos despedidos sin indemnización”, “privatizar y empezar de nuevo”, los revisores, si hay, se esconden.
Parodiando a los humoristas Tip y Coll, “alguna semana hablaremos del actual ministro de Transportes”. Por llamar a dicho sujeto de alguna manera.
