La protesta de algunos sindicatos de la enseñanza por la colaboración de los Mossos d’Esquadra y la Consejería de Educación en los institutos se refiere a la policía autonómica como fuerza represiva.
Es asombroso viniendo de educadores, pero es así y conviene tenerlo en cuenta porque nos sitúa en la nueva polémica.
Se oponen al plan piloto pactado entre el Departamento de Educación y el de Interior, aprobado por los responsables de los 14 centros –otros que se habían ofrecido para la prueba tendrán que esperar-- que estaba previsto que se pusiera en marcha el lunes pasado. Están en contra porque no se les ha consultado y porque consideran que los problemas de convivencia (violencia) en las aulas se resuelven con los incrementos de plantilla y descarga de trabajo de los profesores que ellos mismos vienen proponiendo –sin éxito-- en la negociación del convenio del sector.
Ajuste de cuentas
Por eso tratan de poner patas arriba el sistema con las huelgas anunciadas ayer que paralizarán la enseñanza en Cataluña durante un mes.
En 2024, el mismo sindicato que encabeza las protestas, Ustec, dio a conocer el resultado de una encuesta que revelaba que el 60% de los profesionales había sufrido agresiones físicas o verbales por parte de los alumnos. Y que el 30% de ellos había sido agredido por familiares de alumnos a lo largo de su carrera.
Ustec se queja de que los datos de denuncias de profesores no son fiables porque Interior exige la identificación del denunciante, y eso puede provocarles problemas con los familiares de los alumnos; así, que muchos desisten, cambian de destino o pillan bajas. El sindicato prefiere que la conselleria se encargue de los trámites policiales.
Todo ello demuestra que desde hace años se conoce la situación irregular de las aulas; y que desde hace tiempo se discute qué medidas aplicar.
Agentes de los Mossos, uniformados y armados, acuden a las escuelas para prevenir a los estudiantes de los engaños que se producen a través de las redes. Y no pasa nada. Pero ahora resulta que es intolerable que una mossa de paisano reparta su jornada entre dos institutos de L’Hospitalet para estudiar de cerca el ambiente y mediar cuando sea necesario.
"Fuerzas de ocupación"
Uno de los profesores que se manifestaban el lunes a las puertas de un centro mostraba una pancarta en la que calificaba a los Mossos de “fuerzas de ocupación”. No sé dónde se habrá informado de esa actividad policial ni tampoco quién le entregaría el DIN A4 con esa leyenda embutido en una funda de plástico para que no lo manchara y así pudiera darle más usos.
Lo que parece muy claro es que estos sindicatos de la enseñanza desentierran el hacha de guerra en defensa de sus reivindicaciones –-excluidas del convenio firmado por Educación, UGT y CCOO hace apenas dos meses— aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid.
No hace falta entrar en esas cuestiones, por más razonables que puedan ser, para apreciar una frivolidad palmaria. Acusar al departamento de Educación y a los Mossos, como han hecho, de “estigmatizar colectivos vulnerables” y consolidar el “auge reaccionario y racista” es impropio de un educador.
¿Es eso lo que enseñan a sus alumnos? ¿La oposición a una medida o la defensa de unos intereses laborales da derecho a la infamia?
