"El trabajo que tenemos que hacer desde el área metropolitana ha de ser en silencio, pero sin ser mudos. Mudos no somos".

Es la frase de Antonio Balmón, el alcalde de Cornellà y vicepresidente ejecutivo del AMB, el organismo supramunicipal que ha cumplido 15 años, tras reinventarse, una vez que Jordi Pujol decidió cargarse la Corporación Metropolitana de Barcelona como presidente de la Generalitat, emulando la misma operación que había hecho Thatcher en el Reino Unido, en los años ochenta.

La frase encierra la forma de hacer de Balmón, que no quiere inventos, que se molesta cuando le hablan de posibles cambios, de una gobernanza distinta, o de la figura de un super alcalde metropolitano, como sugirió el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni.

La máxima de Balmón, una figura histórica y determinante del socialismo catalán, como explica en la entrevista en Hotel Metrópoli, es que lo principal es avanzar desde el consenso, con la participación de todos. Vale más un paso más lento, pero con la aprobación de una gran mayoría de representantes políticos, que liderazgos atrevidos en solitario. Es su posición.

El AMB ha caminado de ese modo en estos últimos quince años, con la prestación de servicios de calidad para los 36 municipios que integran el organismo. Con construcción de vivienda pública –es la única administración que no ha dejado de hacerlo, aunque se necesita mucha más—y con avances significativos en materias sensibles como el tratamiento de residuos urbanos.

Sin embargo, aunque sí se ha instalado la idea de la Gran Barcelona, --lo consiguió el título metropolitano de TMB—falta un acelerón para facilitar trámites, para accionar las palancas que permitan la construcción de vivienda pública y de vivienda en el mercado libre. Balmón es consciente de ello. Y señala que el AMB debe ser el interlocutor único en políticas de planeamiento y urbanismo. Lo piden muchos responsables que lideran iniciativas de vivienda social. Cada municipio tiene sus condiciones, con concesiones de licencias concretas, con periodos determinados.

En ese proceso, la Generalitat tiene mucho que decir. La competencia sobre vivienda es suya. Pero son los municipios los que facilitan el suelo, los que tramitan los permisos, los que condicionan cómo y dónde se construye.

Balmón, cuando se le pregunta por la potencialidad del AMB, si se compara con Madrid, señala que las diferencias sociales y respecto a la calidad de los servicios que se dan en el municipio madrileño no se producen en el territorio metropolitano. Pero lo que allí es uno, aquí son 36. Y el AMB ha comenzado a entender que se podría poner una marcha más para conjuntar esfuerzos, para aunar legislaciones y agilizar los trámites administrativos.

“Yo voy rápido”, dice Balmón, pero admite que los procesos administrativos son lentos, y que son así, precisamente, porque los políticos han decidido que sean de ese modo.

Urge, por tanto, un acelerón, un cambio de rasante. Es cuando Balmón, que defiende ese “trabajar en silencio”, pone más énfasis en el “no somos muditos”.

Pues ha llegado la hora. Porque en caso contrario, decir que se vive en la Gran Barcelona no servirá de gran cosa, atados todos a sus respectivos municipios.