Entiendo perfectamente a la consellera de Interior, Núria Parlón, cuando pide endurecer las penas por tenencia ilegal de armas de fuego. También al alcalde cuando exige mayor agilidad en la justicia para frenar a las mafias. No es para menos. Dos asesinatos cuentan las crónicas, aunque yo las veo como ejecuciones. La cuestión es que hemos de preocuparnos porque se acumulan los incidentes con armas de fuego y con armas blancas. El año pasado, asesinados con armas blancas fueron uno por semana. Este año amenaza con batir un triste récord. En solo seis meses, seis muertos por armas de fuego.
Es verdad que los delitos se están reduciendo pero estos sucesos encienden todas las alarmas. El último fue al lado de la comisaria de Balmes siempre muy frecuentada por ciudadanos para renovarse los documentos de identidad o el pasaporte. Tenemos imágenes del asesino por las cámaras de seguridad. Sorprende que el asesino eligiera ese lugar de fácil identificación.
Enseguida hemos oído voces que se sorprendían de cómo había podido producirse si la ciudad estaba blindada. Evidentemente, se ha cometido el crimen en una zona no blindada. Pero lo más sorprendente es la frialdad del sicario. Los Mossos hacen su trabajo en colaboración con la Guardia Urbana.
Pero, la realidad nos dice que los tiroteos han crecido un 45% con un centenar registrados el año pasado y éste siendo actualidad cotidiana. Según datos policiales, los Mossos han detenido a 293 personas por uso o tenencia de arma de fuego que vinculan al narcotráfico y al cultivo de marihuana.
El asesinato de Balmes, el de la calle Minería o el de Consell de Cent tienen toda la pinta de una guerra de bandas que tiene en las calles barcelonesas su campo de batalla. Sin embargo, no creo que estos sucesos sean para amedrentar a los rivales, esto es guerra abierta. La policía está preocupada porque seguramente no tiene todos los datos de comportamiento de estas vendettas.
Más asegurado tiene el comportamiento relacionado con la batalla abierta entre los productores de marihuana que han sustituido los porrazos por los tiros comprando armas bastante fácilmente, por lo que parece, en el mercado negro. Quieren hacerse un nombre, dice la policía, y algunos quieren ejercer de malotes, sacando pecho, para proteger sus negocios.
La situación es el caldo de cultivo para los autoritarios que sacan a relucir xenofobia, racismo y clasismo, pero con eco en una ciudadanía harta de inseguridad. En estas semanas lo hemos visto en Sant Martí, Poble Sec o en Zona Franca, pero no nos equivoquemos, no hay tanta policía para tanto chorizo.
No se puede poner un uniformado en cada esquina, pero algo habrá que hacer para que esta temida percepción de inseguridad no se incremente. Por los hechos y para combatir a los que hacen su agosto propagando que Barcelona es una ciudad insegura.
Siento decirlo así, pero comparados con la Costa del Sol somos unos alumnos que necesitamos progresar, o qué decir de las Rías Baixas. Tampoco Madrid es el Edén, no nos confundamos.
Y si dirigimos la mirada a Europa nos encontramos con el mismo problema. Ámsterdam, París, Londres, Roma, Praga y una lista sin fin tienen las mismas complicaciones. En EEUU no digamos. Aquí, además, el floreciente negocio de la marihuana ha hecho aflorar nuevas situaciones en defensa de un trapicheo con pingües beneficios.
A los que ponen a Barcelona como ejemplo les recomiendo viajar o leer. No somos la excepción, somos la norma. Las ciudades del primer mundo tienen un problema enquistado que se está gangrenando.
La policía está haciendo su trabajo. Así lo dicen las cifras, pero algo está pasando. Hemos de darles nuestra confianza. Como cercenar las guerras de narcotraficantes o poner coto a las nuevas bandas que surgen de los negocios de droga es ahora el objetivo. No nos hemos de dejar llevar por histrionismos ni por aquellos que quieren hacer su caldo gordo.
Por eso, sería conveniente que Ayuntamiento y Generalitat revisaran los protocolos y las estrategias. No dudo que una vez el Papa ha emprendido su viaje de regreso se pondrán a ello. Por el bien de todos.
