Me he perdido. No sé dónde está la frontera en el dogma de los comunes. Si atiendes al candidato Pisarello, que no recorre calles sino que se limita a entrevistas o vídeos enlatados, ha criticado al Papa León XIV por su mensaje conservador, su pasapalabra sobre las víctimas, aunque lo ha elogiado por su mensaje humanista contra la guerra y los derechos de las personas. Hasta aquí estoy de acuerdo.

Sin embargo, no consta que el diputado Pisarello se abstuviera de aplaudir al Papa en su discurso en el Congreso ni consta que tampoco lo hicieran otros diputados de Sumar.

Es más, Ernest Urtasun, Pablo Bustinduy, Mónica García y Yolanda Díaz aplaudieron el discurso papal e incluso Díaz se personó en la Sagrada Familia con su hija de 14 años junto a Urtasun que estaba sonriente durante toda la visita.

Pisarello no estuvo y criticó que el Papa fuera un conservador en materia de eutanasia, aborto, derechos de las mujeres, educación y pusiera una cortina de humo frente a la pederastia. Sin duda, ha estado atinado pero el Papa es el Papa y la Iglesia no ha variado en su posición.

Pero, Pisarello con ganas de ganar un espacio político ha dicho, según se refleja en la web de los comunes que “ninguna religión defiende la dignidad de las personas si no defiende el derecho de las mujeres a decidir sobre sus vidas”, levantando una efímera bandera laicista.

Me pregunto si el candidato-plasma sabe que entre su colectivo de votantes hay gente que vota comunes pero que profesa la religión católica al margen de la postura de la Iglesia. Conviene saberlo porque erigirse en el candidato ateo no es un buen consejo.

Y un recado, los Comunes y Sumar no pueden estar en misa y repicando. Al menos, Podemos tuvo una postura más honesta.

Luego, el candidato se afanó a criticar al ayuntamiento por el gasto desmedido de la visita. Más que gasto es un no ingreso. Los 80.000 euros del alquiler del Estadio Olímpico no fueron cobrados por el Ayuntamiento. Tampoco se cobró por alquiler del estadio a los organizadores del partido de Palestina.

Quizá el candidato-plasma no sabe que es política habitual no cobrar por eventos que ponen Barcelona en el mapa. No quiero hurgar en la herida porque el retorno de la visita papal fue muy superior a este coste y a los 70.000 euros que puso el ayuntamiento para cubrir otros gastos.

El problema es el provincianismo de los comunes. Dejaron Barcelona en una raspa y ahora se quejan de los conciertos de Bad Bunny, de la Fórmula 1, de la visita del Papa of course y del Grand Départ del próximo mes de julio.

Ponen a parir al equipo de gobierno que ha aprobado una ordenanza cívica, que ha limpiado las calles, haciendo una renovación importante de la ciudad, sin duda con problemas y molestias, que nos abrirá nuevas metas y que afronta el problema de la vivienda entregando viviendas. Por cierto, más que las entregadas por el colauismo dogmático.

Todos estos eventos ponen a Barcelona en el mapa mal que le pese a Pisarello que no parece que la pise mucho a tenor de su ausencia constante solo rota por esporádicas apariciones hablando de todo menos de Barcelona.

No sabemos si por desconocimiento o porque simplemente le aburre dedicarse a la política municipal. Se refugia en el dogmatismo y se olvida del pragmatismo.

Dicen los comunes, Gemma Tarafa para más señas, que Collboni hace que la ciudad funcione a golpe de evento y que de verdad no hace nada. Los eventos son necesarios para una ciudad cosmopolita y el trabajo diario se puede cuestionar pero existe mal que les pese.

El problema de los comunes es que a este paso pueden quedar en el rincón de pensar en el próximo consistorio. Ahora podrán bramar todo lo que quieran pero la salida del Tour volverá a poner a Barcelona en el top ten y saldrá, definitivamente, de ese provincianismo gris donde algunos la habían metido.