Los ayuntamientos son las administraciones más cercanas al ciudadano. Pero el éxito de los alcaldes depende de la capacidad de detectar los principales retos y de ponerse al frente para tratar de solventarlos. En el caso de Barcelona, el último barómetro muestra que esa alianza se ha producido, que las decisiones de Jaume Collboni no responden a caprichos ideológicos, sino que conectan con la sensibilidad de una mayoría de vecinos y vecinas de la ciudad.
El primer problema sigue siendo la vivienda, el acceso, por parte de los más jóvenes, pero también por personas más mayores que han visto cómo el precio de los pisos se ha ido aumentando, además de la poca oferta existente. También respecto a los alquileres, inasumibles ya para muchos miembros de la clase media.
En ese asunto la respuesta del Ayuntamiento ha sido desigual. Por una parte, hay nuevas promociones y se han entregado nuevas viviendas en los últimos meses. Pero el equipo de gobierno no ha tenido el apoyo necesario para reformar la medida del 30% de vivienda protegida, que se demostró contraproducente para construir más pisos en los anteriores mandatos con la alcaldesa Colau.
En gran medida, el encarecimiento de la vivienda está conectado con la presión turística. Y aquí el alcalde Collboni lo ha tenido claro. En noviembre de 2028 finiquitarán los permisos de los que hoy tienen licencias turísticas, concedidos en la etapa del alcalde Trias.
El 75% de los encuestados, como señala el barómetro municipal, está de acuerdo en retirar esos permisos o licencias. Y eso supone un apoyo enorme para el alcalde, máxime con toda la presión que ha recibido por parte de sectores económicos que, todavía, creen que habrá excepciones cuando se aproxime la fecha límite.
Hay otras decisiones que se han visto amparadas. Y es que el 76,4% apoya la regulación del precio de los locales comerciales y siete de cada diez barceloneses avalan limitar la apertura de supermercados 24 horas, que se han convertido en una auténtica plaga en muchos barrios de Barcelona.
Aquí el alcalde ha constatado que los ayuntamientos no tienen capacidad para vetar un determinado negocio. Con los permisos de apertura, no se define el tipo de actividad que se desarrollará. Y eso es una competencia que reguló el Parlament de Catalunya, y cuya modificación es potestad de la iniciativa del Govern y de los grupos parlamentarios.
Otra de las medidas de Collboni, la de restringir el número de cruceros que hacen escala en la ciudad, también se ha visto apoyada. El 60% de los barceloneses la secunda.
Lo conseguido, por ahora, por el equipo de gobierno de Collboni lleva a una reflexión: cuando se especula con un adelanto electoral de las elecciones generales, con el argumento de que a los socialistas no les conviene que sean antes de las municipales (mayo de 2027), se da a entender que lo que hagan los alcaldes no tiene mucha importancia.
Y que si se quiere castigar al Ejecutivo central, los primeros que lo sufrirán serán los alcaldes socialistas. No parece que sea el caso de Barcelona, donde la autonomía de la gestión de Collboni está por encima de la lucha partidista.
Una de las consideraciones que han quedado por debajo del radar, es que la limpieza de la ciudad ya no se ve como un problema acuciante. El barómetro refleja que el Pla Endreça ha dado sus frutos.
Surge la cuestión de la seguridad, que es el segundo problema para los barceloneses. Y aquí el primer frustrado es el alcalde, porque, si bien la mayoría de delitos han descendido, aparece la cuestión de las bandas armadas, ligadas al tráfico de drogas. Y, como otras grandes ciudades globales, el problema excede de la capacidad de un equipo de gobierno global. Es el Govern de la Generalitat y el Ministerio de Interior quienes deben incidir con una mayor determinación.
Lo que apunta el barómetro, en todo caso, es que Collboni no tiene adversarios claros para desplazarle de la alcaldía. Con Junts en momentos muy delicados, y con los comunes sin horizonte, solo aparece Esquerra, que ha subido en intención directa de voto. Pero sube para poder ser un socio de gobierno, un hecho que también se dibuja en el Parlament de Catalunya. Collboni aparece como el alcalde preferido.
En el otro lado hay una lucha interna en el campo de la derecha, con el PP en mejor situación. Y con Vox y Aliança Catalana, que compiten por restringir la inmigración.
Atención a una cuestión central: habrá esta vez 43 concejales, por el aumento de la población en Barcelona, dos más que ahora. Y la barrera para entrar en el consistorio es del 5%, no del 3%, como sucede en el Parlament. Así que no está tan claro que Aliança Catalana se cuele en el Ayuntamiento.
