La primera edición de Cadillac Solitario se remonta a 1983. Seis años más tarde, Loquillo y los Trogloditas incluyen la canción en directo como protagonista del LP A por ellos que son pocos y cobardes. Me volví loco con la canción. Me encantaba, y me sigue encantando, pero entendí mejor las letras del gran Sabino Méndez cuando Loquillo explicó que Cadillac Solitario era un canto “a los sueños que no has podido cumplir”.

Tenía veintipocos años y pensaba que la canción hablaba de un coche sobre todo por ese párrafo donde habla de “la última rubia que vino a probar el asiento de atrás”. Pocos años y bastante bobo como han podido comprobar. Cadillac Solitario y Rompeolas son dos canciones de este “pequeño” cantante muy relacionadas con Barcelona, una ciudad que enamora, pero que tiene que aprobar un sinfín de asignaturas pendientes. Tiene que cumplir, como dice José María Sanz Beltrán, muchos sueños.

La vida en una gran urbe es compleja. Barcelona no es la excepción, pero creo que cuando acaben las centenares de obras de metro, ferrocarriles, puesta al día de todo tipo de servicios, nuevos parques, nuevas calles peatonales, reordenaciones de plazas, carriles bici, las conexiones del tranvía o estaciones de autobuses o de trenes, la cosa pintará mejor. Muchas de esas obras acabarán coincidiendo con las municipales. O sea, ánimo que ya queda poco.

Las obras sin duda son un incordio y un “patiment”, sin duda, pero es la única manera de avanzar. ¿Se acuerdan de las obras de la Barcelona Olímpica? ¿Del tranvía de la Diagonal? ¿De la Ronda de Dalt o de la del Litoral? ¿Y qué decir de la Plaza de las Glorias? ¿Incluso las pacificaciones? Superado el incordio incorporamos los espacios a la ciudad como si hubieran sido de toda la vida.

Repasando los cambios de Barcelona encontré preciosos artículos que ponían a caer de un burro a Ildefonso Cerdà. Unos visionarios los firmantes. Lo ponían a caldo y cuestionaban su urbanismo provinciano. ¡Toma arte! Y si releen La Ciudad de los Prodigios podrán deleitarse y sonreír con algunos pasajes de las obras de la Exposición Universal que hoy son más actuales que nunca y eso que Eduardo Mendoza la escribió ya hace 30 años.

La ciudad para recuperar sus sueños debe arremangarse y darlo todo. También en la integración de nuevos colectivos, en poner coto al turismo masivo y degradante cercenando como ha hecho el consistorio los alquileres turísticos, en la construcción de nuevas viviendas, en la limpieza, en la seguridad…

La ciudad no es un ente abstracto. Siente, sufre, padece y se alegra, si los barceloneses sufren, sienten, padecen y se alegran. Una ciudad es una ciudad viva si satisface los sueños de sus habitantes. Somos casi dos millones. Dos millones de historias de vida que confluyen en un pequeño espacio rodeado de montañas y ríos, sin contar los cientos de kilómetros de líneas férreas y carreteras.

Estamos en verano y hemos de darnos un tiempo. Darnos aire y concluir que Barcelona es una gran ciudad y que merece ser vivida. En los grandes eventos, pero también en las pequeñas cosas que conforman las costumbres y nuestra forma de analizar la realidad. Disfrutemos de la ciudad y pongamos una vela a Santa Rita para que se acaben -me conformo ya con que se reduzcan- las obras en la ciudad. Vivamos Barcelona y cumplamos sus sueños. Nuestros sueños.