El refrán 'éramos pocos y parió la abuela' (o la burra) se emplea cuando hay demasiadas personas en un lugar y llegan más. También, cuando hay exceso de algo malo y todavía aumenta en perjuicio de uno.
Es lo que pasa cuando el verano comporta la ley del mínimo o ningún esfuerzo. Para eso está la Inteligencia Artificial (IA). Cuando no se sabe qué escribir, se le pide que sugiera temas. Aquí van algunos resultados.
Para empezar: “Grillos. Ventanas rebosando al despertar. Reír en el jardín. Dormir sobre la vía láctea. Buscar pueblos perdidos en el mapa. Desayunar sin ropa ni relojes. La luna y la mar. La prisa y la rutina. Bicicletas, verbenas, caminos, besos nuevos”.
Así que quien no se inspira es porque no quiere. Lo malo del asunto es que mucha gente se pone a escribir. Lo peor es que envían sus textos a amigos y conocidos para los lean y opinen. Más que positivamente bien, por supuesto.
Si los nuevos escritores conocen a algún profesional de la escritura, la cosa degenera en tortura para el profesional. Quien bastante tiene con sobrevivir a precio de saldo. Porque si tristes son sus ingresos en un oficio saturado, aún prefiere escribir que robar.
Sin consultar a maestros ni profesores, el personal se echa al mar o a la montaña dispuesto a convertirse en un superventas o a redactar unas memorias que a nadie importan, salvo a la familia perjudicada. Aquí van más propuestas y enseñanzas de la IA.
Responde a la pregunta: ¿Qué es, para mí, el verano? Escribe una lista con los mejores veranos de tu vida. Intenta recordar un momento significativo de cada verano. Haz una lista de 12 canciones del verano y elige una. Imagina un verano en un lugar en el que nunca hayas estado.
Suma y sigue con ideas como besos, despedidas, trenes, playas, amistades, hospitales, carreteras, hogueras, deseos, bailes. Busca un cuento sobre el verano y léelo a viva voz. Elige una persona a la que te gustaría escribir una carta como las de antes, con sello y postal.
Puedes escribir una sola carta o una cada día. Piensa en un verano de película. Imagina que eres el o la protagonista y reescribe tu escena favorita. (Acompaña un fotograma de Robert Redford lavando la cabeza a Meryl Streep en Memorias de África).
Roba una alfombra mágica que te lleve a lugares perdidos o imposibles. Busca alguien para decirle aquello que te muerdes debajo de la lengua. Además de todo ello, propone tres condiciones para escribir y usarlas sólo como ayuda sin estorbar la creatividad.
1. Escribe todo lo que se te ocurra, sin pensar demasiado y sin censura. 2. Revisa el texto intentando que, si otra persona lo lee, pueda llegar a sentir lo que estás contando. 3. La principal condición no es la veracidad, sino la verosimilitud, que sea creíble.
Para lograrlo, receta rescatar emociones, aspectos sensoriales, imágenes, sonidos, sensaciones táctiles, olores y transmitirlo. Además, se despide con un “Estaré por aquí si quieres contarme algo. ¡Feliz verano!”.
PD: Este artículo ha sido inspirado y escrito con ayuda de la Inteligencia Artificial.
