A inicios de julio, el concejal Albert Batlle generó otra de sus polémicas. Informando sobre calores y refugio climáticos, aconsejó hacer como su difunta tía Paca, en paz descanse.
“Siempre decía: ‘Yo me paso el verano en El Corte Inglés’. Estoy hablando de hace 30 años. En el sentido de que hay una cultura en la que los equipamientos privados también sirven para esto”.
Recomendar El Corte Inglés (innombrable cuando el atentado terrorista a Hipercor o si pasa allí algo feo o negativo) fue considerado un insulto a la ciudadanía. Así que las asociaciones de vecinos respondieron con lindezas como las siguientes. “Los vecinos del Raval deberían convocar una jornada de recreo familiar contra el calor dentro de El Corte Inglés: que cuentan con la bendición del señor Albert Batlle”. O: “¡Mensaje recibido, Sr. Batlle! Procedemos a ocupar los centros
El Corte Inglés y usarlos como refugios climáticos para el beneficio de los ciudadanos de Barcelona”. Quien sí viajó por los citados grandes almacenes fue el escritor Josep Maria Espinàs (1927-2023). Su libro Viatge pels Grans Magatzems (La Campana, 1993) fue y es sorprendente, agradable y recomendable incluso para el concejal.
Porque Espinàs vivió horas y días paseando por los almacenes recomendados por Batlle. Como si fuese una ciudad dentro de una ciudad. Ya que, como se sabe, se entra allí desnudo y se sale vestido, con coche, con casa, con viajes de lujo y con créditos para siempre. El maestro Espinàs, que se pateó (a pie) –valga la redundancia– Catalunya, España y parte del extranjero, exploró todos los pisos, departamentos, aparadores… Incluso siguió a clientes o visitantes para ver si compraban o no compraban y cómo se comportaban arriba y abajo.
“Como las ciudades medievales, es un recinto amurallado, con calles y callejones abarrotados de cosas y de gentes”. Primera impresión. Después: “Siento un no sé qué al ver al lado de mi escalera que baja, la escalera gemela que sube llena de gente inmóvil en los escalones”. Sin trayecto organizado, camina al azar. Sin plano porque no tienen. Viendo que a la hora de vestir “la frontera entre la distinción y la vulgaridad es frágil”. “¿Qué quiere comprar una monja? Pronto lo sabré”. Asombroso. A los probadores los llama “Grandes Confesores”.
Cuando se escuchan los comentarios de dos señoras que desean que “los espejos las absuelvan de sus pecados estéticos”. “Soy estrecha de aquí, ancha de allí”. “Hombres cansados y aburridos esperan fuera”. Hay moscas para la pesca. Come en el ático. “No es un Vía Véneto”. No hay o no le interesa nada relacionado con ventiladores o aire acondicionado. Se deduce que no había ola de calor y vendían biquinis.
“Adjetivos estimulantes en los frascos de perfumería”. Cuando llevaba varios días deambulando sin comprar nada, el equipo de seguridad le retuvo, le pidió la documentación y le identificó. Les pareció sospechoso, aunque era un escritor archiconocido en Catalunya y muchos clientes le saludaban afectuosamente. Actualmente, El Corte Inglés vende el libro Viatge pels Grans Magatzems por 18,90 euros.
