Esta semana hemos sabido que la empresa estadounidense WAYMO ha ido registrando diferentes sociedades en diferentes países europeos para operar en ellos. Se suma así a otras empresas, como WeRide, Uber o AVOMO, que ya anunciaron su disponibilidad de trabajar el vehículo autónomo en nuestras ciudades. Desgraciadamente existe la sensación de que mientras Barcelona debate cómo será la movilidad del futuro, Madrid ya se prepara para poner “robotaxis” comerciales en circulación.

Las elecciones municipales de 2027 deberían obligar a los candidatos a responder una pregunta muy sencilla: ¿quieren que Barcelona sea también una ciudad de referencia en movilidad autónoma o prefieren seguir esperando?

Barcelona lleva años anunciando planes, creando grupos de trabajo, encargando estudios y proyectos y haciendo pilotos. Mientras en la capital catalana llevamos años hablando del vehículo autónomo, Madrid se dispone a dar un paso más en la carrera por la movilidad del futuro: WeRide, Uber y AVOMO han anunciado que pondrán en marcha antes de acabar 2026 el primer piloto comercial de “robotaxis” de España, en colaboración con el Gobierno de la Comunidad de Madrid. El proyecto comenzará con operadores de seguridad a bordo, pero la intención declarada es ampliar progresivamente la flota hasta llegar a un servicio plenamente autónomo en las principales áreas urbanas. Y no es un proyecto menor. Las compañías hablan de cientos de vehículos y de utilizar Madrid como uno de los primeros mercados europeos para escalar esta tecnología.

Mientras tanto en Barcelona seguimos hablando, y hablando… En Barcelona llevamos años hablando del coche autónomo, y conviene ser justos: Barcelona no ha ignorado el vehículo autónomo, todo lo contrario.

El Ayuntamiento incorporó hace años esta tecnología a sus estrategias de movilidad. En 2021, dentro del “Pacte per la Mobilitat de Barcelona”, se celebró una sesión específica dedicada al vehículo autónomo y conectado, en la que participaron el Ayuntamiento, la DGT y representantes del ecosistema tecnológico. También se incluyó el vehículo autónomo entre las tecnologías que podían transformar la movilidad y llegó a contemplar aplicaciones de vehículos autónomos para la distribución urbana de mercancías. Y también se han hecho pruebas: en noviembre de 2025, TMB puso en circulación en Montjuïc un autobús autónomo de nivel 4 durante diez días. El Ayuntamiento presentó la experiencia como una prueba piloto para explorar la aplicación de tecnologías de conducción autónoma al transporte público urbano.

Por lo tanto, no podemos decir que el Ayuntamiento “no haya hecho nada”, pero el problema es otro.

Después de tantos años de planes, congresos, grupos de trabajo, proyectos europeos y pruebas piloto ha llegado el momento, pienso, de que Barcelona de un paso más. Una ciudad innovadora no se mide solamente por el número de proyectos piloto que consigue organizar. Se mide también por su capacidad para convertir esos pilotos en servicios permanentes, atraer empresas, generar actividad económica y permitir que los ciudadanos utilicen las nuevas tecnologías en su vida cotidiana.

Y ahí el contraste con Madrid empieza a ser incómodo. Ni Madrid ha inventado el vehículo autónomo ni tiene mejor ecosistema tecnológico que Barcelona. Pero está haciendo algo fundamentalmente distinto: está intentando convertir la tecnología en un servicio urbano, porque cuando una tecnología pasa de ser una demostración a convertirse en un servicio, aparecen los verdaderos problemas: regulación, seguros, responsabilidad, datos, mantenimiento, interacción con peatones, gestión de flotas, tarifas, empleo, seguridad y aceptación social, y es precisamente ahí donde una ciudad demuestra si realmente quiere liderar.

El Ayuntamiento de Madrid, además, ya dispone de una ordenanza que contempla expresamente la circulación de vehículos autónomos y permite establecer “sandboxes” regulatorios para desarrollar proyectos piloto de innovación en movilidad. En Madrid se está creando un ecosistema, no hay un único proyecto, hay una acumulación de proyectos.

Y mientras tanto, Europa empieza a moverse. El problema para Barcelona no es solamente Madrid., es Europa: WAYMO acaba de anunciar que Múnich será su primera ciudad de la Unión Europea para lanzar un servicio comercial de “robotaxis”, previsto para finales de 2027. La elección de Múnich tampoco parece casual: Alemania ha creado un marco legal específico para facilitar el despliegue de vehículos autónomos y Baviera está intentando posicionarse como uno de los grandes centros mundiales de movilidad autónoma.

Eso es lo que Barcelona se debería hacer mirar.

¿Dónde queremos estar cuando estos servicios empiecen a extenderse por Europa? La tecnología no espera a que una ciudad termine su siguiente plan estratégico, las empresas buscan ciudades donde exista una combinación de demanda, regulación, infraestructura y voluntad política, y cuando encuentran una ciudad que les permite probar, aprender y operar, tienden a quedarse allí.

Barcelona tiene una enorme ventaja competitiva: Mobile World Congress, Smart City Expo, Tomorrow Mobility, universidades, centros de investigación, empresas automovilísticas, startups…, en definitiva: un ecosistema tecnológico excepcional.

Y el riesgo es que Barcelona se convierta en una ciudad donde se presenta el futuro antes que en ninguna otra ciudad, pero se implanta después que en muchas otras.

Seguramente ha llegado el momento de que el Ayuntamiento sondee, pregunte a los barceloneses si queremos el vehículo autónomo en nuestras calles. El Ayuntamiento lleva años hablando del vehículo autónomo, pero nunca ha preguntado a los barceloneses si lo queremos.

El Ayuntamiento dispone de diferentes medios para saber qué piensan los barceloneses sobre el vehículo autónomo y sobre los “robotaxis”: el Barómetro Municipal.

No he encontrado en el Barómetro Municipal ningún momento en que se haya preguntado específicamente a los barceloneses por los vehículos autónomos, la conducción autónoma o los “robotaxis”. Y esto parece muy interesante: Barcelona lleva años diciendo que el vehículo autónomo es una tecnología estratégica pero aparentemente nunca se le ha preguntado al ciudadano barcelonés qué piensa de ello.

No estoy diciendo que el Barómetro tenga obligación de preguntar sobre todos los temas tecnológicos, claro que no, pero si en 2027 queremos debatir si Barcelona debe permitir “robotaxis”, sería extraordinariamente útil saber, por ejemplo: ¿Estaría a favor o en contra de que Barcelona autorizase un servicio de taxis autónomos sin conductor humano? ¿Aceptarían que circularan por Barcelona?

Con preguntas de este tipo podríamos tener por primera vez una fotografía de la opinión pública barcelonesa sobre el asunto, y el próximo Barómetro debería ser una ocasión perfecta.

Por último, creo que es el momento de empezar a preguntar a los diferentes candidatos a la alcaldía de Barcelona su posicionamiento sobre este tema. Dos preguntas que deberían responder los candidatos de 2027 podrían ser las siguientes: ¿Quiere usted que Barcelona sea una de las primeras ciudades europeas en permitir servicios comerciales de vehículos autónomos y “robotaxis”? y ¿Qué fecha concreta pone sobre la mesa para que un barcelonés pueda subirse legalmente a un “robotaxi”?

Sería interesante que los candidatos contestaran sí o no a la primera y marcar un calendario para la segunda, antes de empezar a esconderse detrás de palabras como “sostenibilidad”, “innovación”, “movilidad inteligente” o “transformación urbana”.

En 2027, los ciudadanos deberíamos tener una respuesta clara. Porque el debate no es tecnológico, es político. No se trata de decidir si el coche autónomo es bueno o malo. Se trata de decidir qué quiere hacer Barcelona con él. Se puede estar en contra de los” robotaxis”, es una posición perfectamente legítima. Se puede argumentar que Barcelona debe priorizar el transporte público, caminar y bicicleta, también es legítimo. Se puede defender que la conducción autónoma amenaza puestos de trabajo y que la transición debe ser extremadamente prudente, también, pero hay una posición mucho menos defendible: decir que Barcelona quiere ser líder en movilidad del futuro mientras deja que otras ciudades sean las que prueben, regulen, atraigan inversiones y aprendan primero.

Pd. No he querido incluir en el artículo las más que seguras protestas que realizarán las asociaciones de taxis contra los “robotaxis”. Esto da para otro artículo…