En la confluencia de la barcelonesa avenida de Madrid con la avenida de Carlos III (el Borbón español, no el inglés de la casa de Windsor) está la iglesia de Santa Tecla, de culto católico. Cualquiera que vaya podrá comprobar que no cierra en agosto. Mantiene los horarios de misas y sus usuarios pueden confesarse, comulgar, bautizarse e incluso celebrar un funeral, si así lo quieren. La demanda religiosa cotiza a la baja y conviene no poner obstáculos al personal.

Justo enfrente hay una estafeta de Correos, servicio que, en general, ha mejorado en los últimos tiempos. En la puerta hay dos carteles. Uno describe un horario amplio que se prolonga hasta las 20.30 horas, sin cerrar al mediodía. El otro es un rudimentario folio impreso en negro que dice otra cosa bien distinta: en agosto, el edificio abre sólo por las mañanas y únicamente de lunes a viernes.

Los textos están uno al lado del otro, de modo que puede generar serias dudas en un lector: ¿Cuál de los dos dice la verdad? ¿Y si ambos dieran información falsa?

Pero la cosa está clara: es un servicio público, de modo que puede recortar sus funciones en verano porque los barceloneses se han ido de la ciudad y no los necesitan.

Pero, crean lo que crean las autoridades, en agosto, la vida en Barcelona sigue su curso. Hay gente que trabaja y hay visitantes que necesitan comer, beber, dormir y desplazarse y trabajadores que atienden a esos y a otros servicios.

Por cierto, en la web de Correos se puede leer un emotivo eslogan: “Siempre pensando en tí”. Es un “siempre” que no incluye las tardes de verano.

No es sólo Correos. Los transportes públicos también adaptan sus horarios y la oferta sin tomar en consideración a la gente que no hace vacaciones y que sigue teniendo que acudir al trabajo a la hora debida.

Así, la línea de autobuses 54, que para justo delante de la estafeta de Correos citada, ha espaciado sus tiempos de paso. Durante el resto del año (si funciona bien, lo que no siempre es el caso) los autobuses pasan con una frecuencia que oscila entre los siete y los nueve minutos. En verano, cada cuarto de hora.

Seguramente tienen menos demanda.

En las facultades de Economía se cuenta la historia de un bar de carretera que ofrecía un excelente servicio y estaba siempre lleno. Un buen negocio.

El hijo estudió Económicas, volvió a casa de los padres y empezó a aconsejarles sobre cómo mejorar los beneficios: bocadillos un poco más pequeños, jamón no tan bueno y en menor cantidad, croquetas, congeladas.

Medio año después había cerrado.

Los autobuses de Barcelona no cerrarán. No tienen competencia, de modo que pueden hacer lo que les dé la gana. Son las ventajas de disponer de consumidores cautivos.

Después de todo, la mejor propaganda es el monopolio.

A mayor irritación de los ciudadanos, Transportes de Barcelona no se siente obligada ni siquiera a informar de la reducción del servicio.

Y eso que, en algunos casos, lo hace. Así, los carteles de las paradas de la línea 78, que pasa por la Zona Universitaria, indican que en periodo no lectivo la frecuencia de paso puede variar. Algo perfectamente comprensible.

¿Por qué no en el resto?

Para ser justos, TMB ha hecho algunos cambios que mejoran la información facilitada al usuario. Por ejemplo, los luminosos situados a la entrada de las estaciones del metro han dejado de ser utilizados para nimiedades como felicitar las pascuas y ahora ofrecen los horarios de los trenes.

Disponer de esa información antes de pasar la tarjeta por la máquina es de gran utilidad, sobre todo cuando hay alteraciones por los motivos que sean. El pasajero puede entonces optar por otro tipo de transporte sin haber malgastado un viaje de su abono, además de decidir si corre o no para no perder el próximo convoy.

También ha mejorado la información en el interior de los autobuses. Las pantallas actuales son más eficientes y claras. Cuando funcionan, que no es siempre.

Este verano ha sido muy caluroso y el calor aletarga, aunque no elimine la actividad. Los comerciantes barceloneses, a la que se dieron cuenta de que en las horas de solana no vendían ni el palo de una escoba, se plantearon la posibilidad de cambiar los horarios, adaptándolos a las necesidades de sus clientes.

Los servicios públicos, en cambio, siguen a lo suyo.

¿No puede contratarse personal interino, sin menoscabar el derecho al descanso de los trabajadores? ¿No asumirán nunca que en agosto, Barcelona ya no se vacía?

Los directivos de las empresas públicas tal vez hagan vacaciones, pero eso no disminuye la demanda, porque la mayoría no forma parte de la masa de usuarios del autobús.

Posdata: que se acabe agosto no significa que se acabe el calor, de forma que los autobuses seguirán siendo una nevera. ¿No tienen termostato?