El último anuncio televisivo de la marca de ropa Desigual ha sentado como un tiro a un buen número de ciudadanos que se lo han tomado como una muestra de recochineo hacia sus problemas y desgracias, emanados de la gentrificación de la ciudad y la conversión de ésta en el paraíso de los expats con pasta y los fondos buitres. Supongo que han visto el anuncio de marras, pero, por si acaso, se lo resumo:

Una extranjera joven, guapa y presumiblemente tonta pasea por el casco antiguo alabando en inglés las maravillas de nuestra ciudad. Por el camino se cruza con una señora que le dice, en catalán, que se quite de en medio, que no la deja pasar, y ella, que no ha entendido nada de lo que le han dicho, asegura que a los locales les gusta compartir su cultura con los foráneos. Luego le intentan robar el bolso y ella sostiene que lo que pasa es que su bolso es tan bonito que lo quiere todo el mundo. La chica se sienta en una terraza y le cobran nueve euros y medio por un café: evidentemente, le parece barato. Y así sucesivamente.

Reconozco que a mí el anuncio se me antoja muy gracioso, aunque inoportuno lo es un rato en una ciudad en la que a la gente la echan de sus casas, le suben los precios constantemente, tiene que soportar estoicamente la presencia de chorizos y mangantes callejeros y ve cómo Barcelona cada día se parece menos a lo que consideraba su ciudad.

Se trata de un humor que genera incomodidad, como el de las telecomedias de Larry David o Ricky Gervais, más propio de un programa humorístico que de la publicidad de una marca de trapos juveniles de un gusto más que dudoso. Desde aquí felicito al publicista que tuvo la idea para la campaña, pero censuro al ejecutivo de Desigual que la autorizó. Creo que la van a retirar ante la irritada reacción de miles de sufridos habitantes (¿o habría que llamarlos usuarios?) de la ciudad de Barcelona, muerta de éxito hace ya varios años.

Pero, ¿es realmente para cabrearse con el anuncio de Desigual? Pues sí y no. No porque, entre la vulgaridad y falta de ideas generalizadas en el mundillo de la publicidad, es de agradecer que alguien se estruje el magín para convertir un simple anuncio en una pieza cómica de bastante mérito. Y sí, ya que lo que destaca el anuncio es como citar la horca en casa del ahorcado, y es fácil que haya quien lo considere una broma cruel y prepotente sobre su propia situación social.

Barcelona es una ciudad cada día más cara e incómoda que disfruta echando a sus residentes para lucrarse. A mí mismo me echó de casa un fondo buitre hace unos meses: tenía una alternativa mejor y no me quejo, pero podría haberme quedado más colgado que una brocha, lo cual no me habría hecho ninguna gracia y me habría llevado, probablemente, a considerar el anuncio de Desigual como una ofensa personal. He captado y apreciado la ironía (o el sarcasmo, directamente) de la empresa, pero no puede ser más inoportuna: de ahí el cabreo de tanta gente.

Lo que sirve para un sketch del Polonia (a falta de algún programa de humor que no dé penica) no siempre es aplicable a la publicidad, que es una manera de intentar que la gente compre lo que tú vendes. Si te pitorreas del posible comprador, o así lo interpreta éste, te estás pegando un tiro en el pie, como le ha sucedido a Desigual.