La política del grajo, esa que vuela bajo y no tiene altura de miras, suele jugar malas pasadas. Lo digo a cuenta de la batería de preguntas que ha registrado el grupo de Junts per Catalunya, para conocer cuánto ha costado la misión, quiénes formarán parte de la delegación y qué medidas de seguridad se han previsto para una estancia en un país que continúa en guerra. "Viajar hoy a Ucrania no es como viajar a cualquier otra capital europea, estamos hablando de un territorio en guerra", dijo el líder de Junts Martí Galbis. Vamos, toda una visión de estratega.
La fiscalización del viaje a Kiev sorprende porque no ha sucedido con ningún otro desplazamiento del alcalde. Quería saber lo gastado en seguridad, desplazamientos, alojamiento, dietas y otros gastos asociados a la misión. Parecía que fuera el primer viaje de Jaume Collboni.
Les ha salido el tiro por la culata. ¡Y de qué manera! De hecho, esta actitud trasluce la posición de Junts, más cercana a Moscú que a Ucrania. Quizá algunos todavía recuerdan las veleidades de aquellos lumbreras con los aledaños del Kremlin en la época del procés.
¿Recuerdan aquel ejército de 10.000 hombres que iba a venir para salvarnos? Como muestra un botón: ni una sola palabra de los chicos/as de Puigdemont de solidaridad con el pueblo ucraniano. Ni una mención.
“Lo que hemos vivido hoy confirma por qué Barcelona tenía que estar aquí, porque cuando se ataca Kiev se ataca a Europa. Barcelona seguirá al lado de Ucrania”, esta fue la mejor respuesta que Jaume Collboni le pudo dar a Martí Galbis.
Esa y el aplauso unánime del Ayuntamiento de Kiev al primer edil barcelonés tras su discurso en el pleno y la entrega de material de emergencias a una ciudad que sigue bajo el fuego enemigo. No sería baladí decir que Kiev resiste a una invasión.
Todo empezó hace cuatro años y siete meses, eso sin contar los preludios en el Donbás en 2014. Hubo un tiempo que todos se querían fotografiar en Kiev. Ahora es una guerra medio olvidada y que Barcelona y Catalunya estuvieran en estos momentos todavía difíciles, en los que cada día muere gente y donde la tranquilidad en la vida cotidiana es inexistente, me parece importante.
Me quedo con las palabras del alcalde “Barcelona tenía que estar en Kiev”. Pues sí señor Martí, Barcelona tenía que estar por más que le pese. El grajo vuela tan bajo que si no mides tus palabras te puedes dar un tortazo de nivel y hacer el ridículo.
El alcalde de Barcelona estuvo en la capital de Ucrania en un día en el que Rusia volvió a atacar el centro de la ciudad. Una ciudad donde su ayuntamiento no cierra, que se reúne y resiste para dar servicios a sus vecinos a pesar de las bombas. Se reunió con su alcalde para conocer las necesidades y también compartió momentos con el de Járkov, la segunda ciudad del país que durante meses fue foco de atención por su resistencia a las tropas rusas.
Que nuestro alcalde visitara una escuela que cuenta con un refugio para los chavales es un buen ejemplo para conocer una cruda realidad. Un ejemplo a seguir porque la velocidad insana de nuestra sociedad va tan acelerada que nos olvidamos de muchas cosas en un tiempo récord. Que Barcelona no se haya olvidado me parece una lección de decencia.
Ahora esperaremos a conocer en qué hotel se hospedó nuestro alcalde. Parece que eso es lo que le interesa al líder del principal partido de la oposición. Ya saben, la política del grajo.
