En un lugar de Barcelona, cuyo nombre más vale no recordar, hay un local que más vale ni citar ni recomendar. Es, no obstante, otra novedad en el mapa de la estupidez humana.
Consiste su presunta originalidad en disponer de un confesionario real, reconvertido en interactivo, que escucha los pecados, impone la penitencia y otorga la “absolución divina”.
Todo con el objetivo de comer pizzas entre una decoración religiosa que pretende ser surrealista y graciosa, pero causa doble vergüenza ajena por kitsch y por hortera. Es otro avance de la conjura para lograr la idiotez colectiva.
Valgan como ejemplos algunas preguntas que hace el confesionario en busca de más tontería todavía: “¿Has tenido una aventura de una noche?”. “¿Has enviado alguna vez un mensaje a un ex estando borracho?”.
Sólo hay que responder sí o no. Después, la máquina vomita un tique que sentencia: “Eres un hereje” y condena a beber en la barra “la sangre de Cristo”. Además de irreverente, también inquiere si “le gusta la pizza con piña”, lo cual es una profanación gastronómica.
No ocultan su doctrina ni sus intenciones: “Hace tiempo se creó el pastafarismo, una religión paródica que adora al Monstruo del Espagueti Volador. Es cuestión de tiempo que se imponga el pizzafarismo.”
Nacido el 2005 en Estados Unidos, el pastafarismo ha intentado ser religión en Austria, República Checa y Polonia, donde lo rechazaron. Pero el 2016 la Cámara de Comercio de los Países Bajos lo reconoció oficialmente como religión.
En España la Iglesia Pastafari lo ha intentado, pero de momento no lo ha conseguido. Aunque andan de recurso en recurso haciendo perder tiempo a la Justicia y dinero a la ciudadanía.
Para mayor memez, mañana 19 de septiembre celebran El Día internacional de hablar como un pirata (DIDHCUP). Inventado en 1995, también en Estados Unidos, es una fiesta de los devotos de la Iglesia del Monstruo de Espagueti Volador en más de 40 países.
La seña de identidad de los pastafaris es ponerse un colador adornado con espaguetis en la cabeza. Como en el siglo pasado se dibujaba a los majaretas con un embudo como sombrero en los tebeos infantiles.
Paul Tabori (1908-1975) publicó su Historia de la estupidez humana (Ed. elaleph.com). “La obra trata de la estupidez, la tontería; la imbecilidad, la incapacidad, la torpeza, la vacuidad, la estrechez de miras, la fatuidad, la idiotez, la locura, el desvarío.”, escribió.
Y presentó “una galería de payasos, simplotes, badulaques, papanatas, peleles, zotes, bodoques, pazguatos, zopencos, estólidos, majaderos y energúmenos de ayer y de hoy”.
Como dato: “el Thesaurus de Roget consagra seis columnas a los sinónimos, verbos, nombres y adjetivos de la “estupidez”, mientras la palabra “sensatez” apenas ocupa una”.
“El año 2013, se publicó en España el ensayo del historiador Carlo Cipolla (1922-2000) titulado Las leyes fundamentales de la estupidez humana (Ed. Crítica.)
Concluía y advertía de que “Una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que puede existir” y un estúpido es más peligroso que un saqueador.
“¿Hay algo más característico de nuestra humanidad que la estupidez?”, se preguntaba Tabori. En otro lugar de Barcelona se comprueba que no.
