Un encuentro que ilustra el papel que pueden ejercer las grandes ciudades. El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, se ha reunido en Nueva York con su homólogo, Zohran Mamdani. Es la primera autoridad española que lo hace con el alcalde de la gran ciudad global. Y ha servido para poner sobre la mesa el anuncio de algunas medidas que deben servir para combatir el populismo.

Los debates se suceden sobre cuál es el factor más determinante que explica la decantación de los electores, en todo el planeta, por opciones populistas y autoritarias, ya sean de izquierdas o de extrema derecha. Una de las explicaciones guarda relación con la decisión de los partidos socialdemócratas por defender políticas identitarias.

Esas políticas, a favor de grupos minoritarios, --de género o raciales—han sido la demostración de un fracaso. La imposibilidad de luchar en el campo estrictamente económico con los partidos liberales y conservadores, --el mercado es la única respuesta y poco se puede hacer para paliar las diferencias salariales—, o la asunción de esa debilidad, ha llevado a esas fuerzas políticas a la oposición o a una situación de marginalidad.

Por eso es importante que los alcaldes, los que los ciudadanos ven como los más cercanos para poder resolver sus problemas cotidianos, reaccionen con políticas tangibles que mejoren la vida de los ciudadanos.

Lo han señalado diferentes expertos en los últimos años. La última es la catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Chicago, Susan C. Stokes. En su libro Los regresores, señala que la polarización salarial, las enormes distancias en los ingresos, es el factor determinante que deteriora las democracias.

La frustración explica que los ciudadanos acaben decantándose por opciones populistas, y esos ‘regresores’, políticos oportunistas que aprovechan la ocasión, buscan cargarse la democracia desde las propias instituciones democráticas.

Mamdani, en Nueva York, ha sido consciente de eso. Y gobierna una ciudad, Nueva York, que ha sido el adalid del capitalismo, pero que necesita aterrizar y considerar, de nuevo, lo más terrenal: el día a día de sus ciudadanos.

Collboni, en Barcelona, también entiende que una ciudad global no puede desentenderse de sus locales. Lo explicó desde Nueva York, al admitir que ser una ciudad atractiva también implica una cara B, y que los ciudadanos locales sufren el aumento de precio de los servicios y de cuestiones tan básicas como la vivienda.

¿Cómo hacer frente a todo ello, sin perder ese atractivo, sin cerrar las puertas al mundo? Con medidas a favor de la vivienda pública, con medidas para abordar el cambio climático o con medidas para paliar el aumento de los precios en la alimentación.

“En Nueva York hay el proyecto de supermercados públicos, que tiene que empezar el año que viene. Y el año que viene comenzaremos en Barcelona una experiencia muy similar: la red de comercios asequibles", apuntado Collboni desde Nueva York.

Se trata de un proyecto piloto que se pondrá en marcha en el barrio de La Marina. Un supermercado, gestionado por una ONG, que tratará de ofrecer alimentos a un precio inferior al que se vende en las grandes superficies.

Falta concretar ese proyecto, con el riesgo de que acabe en un fracaso. Pero Collboni, con Mamdani, entiende que la única posibilidad real para combatir el populismo y la ola autoritaria que se propaga por todo el mundo, es ofrecer medidas que puedan compensar las enormes brechas salariales que se están produciendo.

Es la economía, es la desigualdad, lo que explica el enojo de los ciudadanos y la decantación por los populistas. Y los partidos que se dicen progresistas deben entender eso si quieren ser todavía útiles a la ciudadanía.