Hace unos días se ha firmado el Convenio regulador de la coordinación y de las funciones de Mossos d´Esquadra y Guardia Urbana entre la Generalitat de Catalunya y el Ayuntamiento de Barcelona. El mismo permitirá a la policía municipal asumir, de forma compartida, distintas competencias en materia de seguridad.

Con este acuerdo, y otros recientes, más una práctica consolidada, la Guardia Urbana, además de aquellas funciones propias de policía administrativa y de seguridad, ejercerá nuevos cometidos. Así se duplicarán las oficinas municipales de denuncias de delitos leves y menos graves, la protección o el seguimiento de las víctimas de la violencia de género. También se ha rubricado un acuerdo con la Fiscalía para su auxilio judicial y se ha aprobado una modificada Ordenanza de Convivencia con mayores exigencias frente al incivismo

Es obvio que avala la competencia profesional para el desempeño de todas las funciones que es, además, un reconocimiento a la trayectoria ejemplar de la GUB. Pero, ¿más competencias sin agentes suficientes? Si ya en la actualidad la policía municipal no da abasto para todos los servicios que debe prestar y para todas las demandas ordinarias de convivencia y seguridad, los nuevos cometidos ahondarán esta realidad.

En la actualidad, la Guardia Urbana, GUB, dispone de 3.500 agentes. Un número insuficiente. Constato, por otra parte, que el nuevo marco legal permite una jubilación anterior, la cobertura de las tasas de reposición en las ofertas públicas de empleo carecen de garantías. Tampoco ésta subsana la falta de efectivos.

Por otra parte, el reciente Convenio laboral del consistorio reduce la jornada laboral de los policías a 35 horas que, por sí misma, obligaría a un ampliación de un mínimo de 200 agentes. Adicionaría el absentismo que supera el 12% (bajas por enfermedad o nacimiento de hijo, etc.). A ello, añádanse las nuevas competencias asumidas ya referidas, que precisarían otros dos centenares de agentes más, y las carencias ancestrales de no dotación de la plantilla policial efectiva en agentes suficientes. Sin más efectivos, los servicios no cuadran ni multiplicando las horas extraordinarias a prestar cuyo coste anual ronda los 13 millones de euros.

La ecuación policial es demoledora. A la actual escasez de agentes se le suma ahora nuevos servicios que prestar y se le resta menos horas semanales de trabajo por policía. Cada año las nuevas promociones de policías, altas, no se incrementan en número suficiente para compensar las bajas y, los servicios requeridos de siempre y los ahora asumidos. Nuevos policías no es sinónimo de más y mucho menos de suficientes.

Barcelona precisa incrementar en 1.000 agentes nuestra Guardia Urbana para alcanzar los 4.500 y arraigar el guardia de barrio con su patrullaje a pie, amén del motorizado. La precaria plantilla de mossos ha de crecer con otro millar. A la par, hay que habilitar recursos para afrontar el coste anual de cada agente que supera los 55.000€ (nómina, formación, vestuario, armamento, etc.).

No hacerlo conlleva ciudadanos indefensos y delincuentes seguros. Esa es la consecuencia de toda no presencia policial. Además, deben promoverse leyes contundentes y una justicia severa y célere contra la delincuencia. Quiero una ciudad de ley y con ordenanzas. De firmeza 10 contra quien no las respeta y con la autoridad de democrática ejercida. Para no bajar la guardia, hay que tenerlo claro: sin policías no hay seguridad.