Barcelona contará a partir del próximo año con tiendas de alimentos sin ánimo de lucro y propiedad municipal. La primera de ellas se establecerá en el barrio de La Marina, será gestionada por una ONG y se ubicará en un inmueble de titularidad pública.

El proyecto recuerda a los economatos que se repartían por la España de la posguerra, aunque el objetivo no será proveer de alimentos básicos sorteando el estraperlo. Ahora se trata de eliminar los costes de la intermediación para ofrecer precios más asequibles.

La idea se ha dado a conocer durante el viaje de Jaume Collboni a Nueva York, donde se ha reunido con su alcalde, el socialista Zohran Mamdani, que ya había anunciado su primera tienda solidaria para principios de 2027.

Un 30% de descuento

Aunque aún no se ha precisado con todo detalle, el modelo de Nueva York trata de reducir un 30% el coste de la cesta de la compra de sus habitantes, lo que supondrá un ahorro de 1.000 dólares anuales.

El consistorio neoyorkino asegura que venderá “alimentos saludables” como carnes rojas, pollo, pescado y marisco; además de frutas y verduras frescas. También incluirá una veintena de categorías de productos básicos como los lácteos y otros refrigerados. Así como artículos esenciales tipo arroz, frijoles, queso, huevos y pasta.

El coste de la alimentación, una gran preocupación de los habitantes de la ciudad, según el consistorio, supone unos 3.000 dólares anuales por persona. En Barcelona, el gasto de este capítulo ronda una media de 2.300 euros.

Un supermercado Mercadona / MERCADONA

Reducir un 30% el precio sería aquí un objetivo muy ambicioso, sobre todo si tenemos en cuenta que el supermercado líder en España, Mercadona –27,4% del mercado--, obtiene un margen neto del 4,5% sobre una cifra de negocio de 38.000 millones. Consum –3,9% de cuota--, tiene un margen del 4,8% si incluimos en él tanto el beneficio como la retribución especial a los cooperativistas.

Ambas cadenas tienen una gran capacidad de compra y de negociación con los proveedores, lo que les sitúa en mejores condiciones que una cadena pública de una decena de tiendas, por ejemplo, para reducir los precios finales.

Venta de pescado y marisco en Mercabarna / MERCABARNA

El equipo de Collboni va a necesitar todo el apoyo y la experiencia de Mercabarna para, con el ahorro de alquileres y otras economías de escala, como la participación de estudiantes de formación profesional, acercarse a una meta parecida a la del revolucionario Mamdani.

No es previsible que el sector privado proteste por la iniciativa, más allá del pequeño comercio que representa Pimec, temeroso de cualquier competencia. Quizá se limite a observar la evolución del proyecto con la seguridad que le da la progresiva decadencia de los mercados municipales frente al envite de los súpers y otras fórmulas emergentes de distribución comercial.

El 47% de las ventas de las grandes cadenas son de la marca de la propia distribuidora. Los clientes deciden por precio en casi la mitad de sus compras, es decir que la competencia ya se centra en el ámbito del coste en las zonas donde se instalarán las nuevas tiendas.

Las normas de la competencia

La legislación española ha terminado por abrazar el liberalismo comercial, lejos de aquel proteccionismo en torno a los colmados y las tiendas de proximidad que no pudo evitar su práctica desaparición.

Tiempo atrás la normativa topaba la cuota máxima de mercado de una enseña alrededor del 25%. Ahora no existe como tal, aunque hay consenso en que el 30% podría ser un límite.

La ley habla del abuso de posición dominante como la línea roja que provocaría la intervención administrativa. O sea, se puede decir que el mercado es absolutamente libre.