Que el otoño ya está aquí lo verifican los fascículos en los pocos quioscos supervivientes. Es el fascículo “una entrega, cuadernillo, folleto, cuaderno”. Definición de la RAE que se queda corta y no limpia, ni fija ni da esplendor al fascículo y a su historia.
Tal es su importancia, que existe la Era de los Fascículos. Según parece, comenzó el año 1939 en Italia y fueron publicados por la Editorial Agostini. Diez años después, José Manuel Lara (1914-2003) editó su primera enciclopedia en fascículos en su editorial Planeta.
Desde 1965 a 1973, Editorial Salvat divulgó en fascículos la Enciclopedia Monitor, que se vendió en los quioscos. Como Planeta, ambas llevan más de medio siglo comercializando fascículos por entregas. Con ganancias billonarias y millones de lectores.
Las dos potencias editoriales barcelonesas facilitaron las compras a plazos y democratizaron la lectura. Según los historiadores, la fórmula es: Formato Accesible. Diversidad de Temas. Y Evolución del coleccionismo adaptándose a nuevos soportes y tecnologías.
No confundir con los folletines y novelas por entregas del Siglo XIX y XX, que se vendían fragmentados hasta el final de la obra íntegra. Es el caso de autores como Pérez Gadós, Valle Inclán, Eugenio Sué, Alejandro Dumas, Charles Dickens, Tolstoi...
Pero lo relevante es la psicología de los compradores, que a menudo funciona como la de los coleccionistas. De ahí que con el paso de los años los fascículos añaden figuritas, perfumes, juegos, maquetas, devedés, cachivaches, libros, cromos, fósiles, monedas…
Desde entonces, los quioscos devienen pequeños bazares callejeros que ofrecen desde cultura hasta entretenimientos de toda clase. Nada de lo comercial ni de las modas y tendencias les es ajeno. Las editoriales lo saben y los dosifican.
Del primer número se lanzan grandes tiradas a precios casi regalados. Al tercero se calculan las ventas y ajustan los ejemplares. Porque pasa con los fascículos lo mismo que con ir al gimnasio o aprender inglés. Enganchar o no enganchar es la cuestión.
Tres son los tipos de consumidores. Personas que solo compran la primera entrega por su bajo precio. Clientes que adquieren cada entrega por separado en el quiosco. Y compradores que se suscriben después de la primera entrega y reciben regalos y descuentos.
Aunque menos del 10% de la clientela del primer número acaban la colección, lo relevante es que con las enciclopedias por fascículos ingresaron los libros en los hogares de muchas familias.
Después llegaron las primeras estanterías. Luego, las bibliotecas caseras. Bromeaba el mítico editor José Manuel Lara: “he ganado más dinero con los muebles que con los libros”.
Acumular objetos es una de las debilidades humanas. Sus motivos psicológicos: Satisfacción de completar una colección. Necesidad de orden y estructura. Placer de clasificar, ordenar y catalogar. Orgullo de mostrar la colección. Apego emocional. Curiosidad y aprendizaje.
Lo predijo Aldous Huxley (1894-1963) en su libro Un mundo feliz: “No son los filósofos sino los que se dedican a la marquetería y los coleccionistas de sellos los que constituyen la columna vertebral de la sociedad.”
Sólo hay que cambiar la marquetería por fascículos y los sellos por quioscos.
