Laure Vega -Laura Fernández Vega- es la apuesta de la CUP para las municipales. Los cupaires tienen posibilidades de volver a la Plaça de Sant Jaume después de 12 años fuera del consistorio. Por un lado, porque aumenta el número de regidores en la ciudad y, por otro, porque los comunes se desangran. Obtener el 5% siempre es difícil pero está vez la extrema izquierda independentista ha puesto toda la carne en el asador con una candidata con bagaje y, me atrevería a decir, prestigio. No es que personalmente comparta sus postulados pero Vega cumple un axioma mínimo: tiene discurso y soltura para presentarlo más allá del griterío del argumentario.

En definitiva, la CUP ha abandonado los experimentos con gaseosa de 2019 y 2023 que registraron un magro resultado y se quiere presentar aunando los diferentes grupos y sensibilidades del mundo anticapitalista, independentista y soberanista. Esta unidad es fundamental para competir con los comunes que tradicionalmente se habían erigido líderes de este espacio con Ada Colau. Pero Gerardo Pisarello no es Colau y Laure Vega va a jugar fuerte en este espacio.

Los cupaires despotrican del alcalde Collboni pero, cosas de la política, pueden ser decisivos en Barcelona por la endiablada matemática del consistorio. No digo que entren en el gobierno, pero sí pueden ser fundamentales para conformar un consistorio de izquierdas frente a una derecha españolista -PP y Vox- que puede ser creciente y la xenófoba ultraderecha independentista de Aliança Catalana con Jordi Aragonès a la cabeza.

Vega ha sido clara en este tema no haciendo ascos a acuerdos con el PSC. Por mantener esta postura le señalaron la puerta de salida en Endavant, el núcleo principal de la CUP.

Vega es diputada en el Parlament y no es nueva en estas lides municipales. En 2019 se presentó en su localidad de origen, Sant Boi de Llobregat, y apenas logró 1.500 votos que la dejaron fuera del consistorio. Ahora con más bagaje afronta un importante reto: conseguir 50.000 votos para que la izquierda antisistema recupere posiciones en Barcelona.

No es el mejor momento político para las Candidaturas de Unidad Popular -inspiradas en las chilenas que auparon a Salvador Allende– que se han deshinchado al tiempo que lo ha hecho el procés.

Ahora si entran en Barcelona pueden recuperar no solo los asientos en el pleno municipal sino también un protagonismo perdido. Sus concejales pueden servir a la izquierda antisistema para incidir en políticas concretas siempre que jueguen al pragmatismo y no se suban al monte. Y este es el perfil de Vega, tiene un discurso duro -solo hace falta oírla- pero es posibilista.

Confrontará a cara de perro con Vox y Aliança, pero puede recuperar el papel de aquella CUP que marcó el paso en la política catalana de la mano de David Fernández, el líder de los astronautas -los tres diputados- que llegaron al Parlament.

Sus detractores la emulan con Gabriel Rufián y la califican de forma despectiva como “la Gabriel Rufián de la CUP” por marcar una senda que no cerrar puertas a acuerdos con el PSC. La CUP ha jugado en los últimos años la Champions de Barcelona con titulares de regional.

Ahora lo hace con una titular con empuje, discurso y fuerza, pero solo quedan ocho meses para las elecciones y conseguir cincuenta mil votos no será un camino de rosas. Y un problema, su marcha del Parlament deja a la CUP nacional coja en el hemiciclo. La factura que pagar puede ser elevada. Solo puede ayudar a mantener opciones en la política catalana, o española, que Laure Vega tenga éxito en Barcelona.

El que haría bien en preocuparse es Gerardo Pisarelo porque Vega mira hacia su electorado que tiene una cierta sensación de orfandad.