Su infancia son recuerdos de un bar del Barrio Chino de Barcelona. Joan Ferran Serafini (1951), escritor y político, evoca su niñez en un barrio donde nunca hubo chinos. Hoy lo habitan gentes de 128 nacionalidades.
Escribe como los ángeles sobre las calles míticas de pecado, vicio y fornicio. Su obra: Un átomo del Barrio Chino, años de plomo y Colacao (Ed. Círculo Rojo) se sitúa entre los mejores libros sobre el lugar.
El autor nació y creció en el Bar Berenguer de la calle Berenguer Viejo. El BBB, lo abrevia, se suma a nombres como Distrito Quinto, Raval, Ciutat Vella y otros intentos oficiales para maquillar la mala fama.
De Franco hasta Pasqual Maragall y hoy, es el núcleo duro donde François Mauriac exclamó: “Barcelona, ¡qué gran burdel!”. El ombligo De las Izas rabizas y colipoterras de Camilo José Cela. La zona cero de la Guía secreta de Barcelona, de Josep Maria Carandell.
Con su nuevo libro, Ferran ingresa en el Parnaso de grandes autores que han retratado el suburbio marginal y al margen de la ciudad. Literariamente, está a la altura de Pierre de Mandargues y su novela El margen, ambientada en el gueto prostibulario y canalla.
Testigo y defensor del ascensor social que bajaba de las barracas de Montjuïc, paraba en el Chino y ascendía, a la que podía, hasta el Poble Sec de Serrat. Allí nacieron y prosperaron Maruja Torres, Terenci Moix y Vázquez Montalbán. Autores de memorables libros sobre su barrio.
“No digas que eres de la calle Berenguer”, aconsejaba su abuela a Ferran. “Era el estigma” al que contribuyeron Paul Morand con la novela Ouvert la nuit y Francis Carcó en su Primavera de España.
Después, Jean Genet en la autobiografía Diario de un ladrón. George Bataille en El azul del cielo. George Orwell con su Homenaje a Cataluña. Burgueses fascinados por la miseria estética que maldecía Hemingway.
Ninguno ha descrito el Chino con ojos de niño como lo hace el nieto del emigrante italiano Serafini. Con la inocencia y la crueldad de la infancia nacida en circunstancias desfavorables para la lírica. En el distrito con más alta densidad de aquella Europa.
“Casas de seis y siete familias, con alquilados y realquilados”, recordó en la presentación del libro en las jornadas BCN Desperta. La comparó con el Chino actual, aunque sin aquellas deportaciones de inmigrantes gallegos, andaluces, murcianos y extremeños.
Admirador de Dickens y sus bajos fondos londinenses, Ferran cita a Kavafis. Quizá por las cartas de amor que caligrafiaba gratis para sus vecinas analfabetas. Hay en sus páginas personajes dignos de novelas picarescas.
Ramonet, el Vasco, el policía Picao, la Loca, gitanos catalanoparlantes, don Siniestro, el Manco, marinos de la Sexta Flota, trabajadores honrados, lumpen, rateros, represaliados políticos, toreros, futbolistas, boxeadores, cantantes, El Coyote, Elena Francis…
Más vueltas por aquellas callejuelas que el tranvía 29 por Barcelona. Las Golondrinas del puerto. Souvenir de cangrejo vivo colgando de una caña en el Rompeolas. Atracción de extranjeros, pijos de barrio alto y visitantes de toda Cataluña por los cines, teatros, salas de baile y puticlubs.
Cava Pitel·lo, pan con vino y azúcar y la alcohólica Quina Santa Catalina para los críos. Los menús de Semana Santa. Sin cargar las tintas con la achicoria, el pan negro, la tisis, la pelagra, el racionamiento, el estraperlo…
Y cuando tocó el gordo de Navidad en el Barrio Chino, se lee lo poco que dura la alegría en casa del pobre.
