Ha sido una semana difícil en varios puntos de Catalunya. También en el Baix Besòs, y en Sant Adrià. Las imágenes del río han impresionado a propios y extraños, las lluvias torrenciales han provocado daños diversos, y es normal la inquietud que ha aflorado en buena parte de la ciudadanía.
Antes de nada, quiero agradecer el trabajo incansable de los equipos de emergencias y de los profesionales de los servicios públicos, municipales y supramunicipales (bomberos, cuerpos policiales y de protección civil, brigadas municipales, empresas de limpieza y mantenimiento...), así como de los vecinos y vecinas que han colaborado con las administraciones y que se han ayudado entre sí.
Ya desde la tarde del sábado, en Sant Adrià activamos los diferentes operativos encargados de las tareas de prevención y, desde la madrugada del domingo, de recuperación y coordinación con las administraciones supramunicipales para los ámbitos en nuestro término que no son de competencia municipal. El objetivo es claro: reducir daños y volver a la normalidad cuanto antes. Ese trabajo continúa estos días y seguirá hasta que no quede ninguna incidencia sin resolver.
Con las imágenes aún frescas, es normal que vuelvan las preguntas sobre cómo y dónde construimos. Y sí: el sector de las Tres Chimeneas es parcialmente inundable. Como más del 40% de la superficie de Sant Adrià, o de Barcelona o Viladecans, por citar otros dos municipios metropolitanos donde esta condición no ha impedido su prosperidad ni ser referentes en diferentes ámbitos. Fuera de nuestras fronteras, países como Japón o Países Bajos cuentan con más de la mitad de su población viviendo en zonas inundables, e incluso con importantes porcentajes bajo el nivel del mar. Ello tampoco ha impedido su prosperidad, al contrario: son lugares más preparados para adaptarse a condiciones adversas.
Desde hace milenios, las ciudades han crecido junto a ríos y costa porque es donde abundaban el agua, la tierra fértil, las principales rutas de transporte y el comercio. Barcelona, Londres o Roma, tres ciudades históricas, nacieron así. Y el Besòs ha sido un factor decisivo en el desarrollo social e industrial de Sant Adrià y de los municipios de su entorno.
Esta historia forma parte de nuestro desarrollo, no se puede deshacer. Lo que sí podemos hacer es adaptarnos a un cambio climático que ya está aquí, y que nos trae episodios de lluvia cada vez más intensos y frecuentes. Y podemos hacerlo con todo el conocimiento y la tecnología a nuestro alcance: cartografía de riesgo mucho más precisa, modelización hidráulica, sistemas avanzados de alerta y evacuación, estrategias de drenaje y almacenamiento en caso de inundación...
Desde esta perspectiva hay que entender el sector de las Tres Chimeneas. Hablamos de un suelo urbano, antropizado y ocupado durante décadas por una central térmica y otros usos industriales. Dejarlo como está no lo vuelve más seguro. Seguirá contaminado y en riesgo de inundación, afectando a todo el tejido urbano que tiene detrás, donde hace décadas que vive gente. Desde mi punto de vista, la pregunta correcta es cómo lo transformamos para integrarlo en la ciudad de manera segura.
He defendido en varios foros que el planeamiento de las Tres Chimeneas es uno de los más estudiados del país en materia de inundabilidad. El PDU (Plan Director Urbanístico) se aprobó con el estudio disponible entonces. Cuando en 2025 se actualizaron los MAPRI (Mapas de Peligrosidad y Riesgo de Inundación) en Catalunya, el proyecto de urbanización se adaptó a los nuevos valores, mucho más exigentes que los aprobados inicialmente por el PDU.
El resultado es que la zona quedará mucho mejor preparada ante episodios de inundación que en su situación actual gracias a sistemas de desagüe con sifones, a elevaciones en la entrada a edificios o de calles enteras, a pavimentos drenantes capaces de filtrar el agua y a un gran parque metropolitano de más de 10 hectáreas, con parterres y zonas verdes rebajadas que retienen y drenan el agua. En resumen, toda una infraestructura de ciudad-esponja para contener, absorber y dirigir el agua hacia el mar ante un posible episodio de inundación.
Como explicamos hace dos semanas junto al Consorci del Besòs en las jornadas “BCN Desperta!”, organizadas por Crónica Global y este mismo diario, pasaremos de un sector en el que el 80% del suelo es privado y contaminado, a un nuevo barrio donde el 80% del suelo será público, incluyendo un gran parque metropolitano y un nuevo frente litoral descontaminados, resilientes y abiertos a la ciudadanía.
Necesitamos más vivienda y equipamientos, y tenemos que decidir dónde y cómo se construyen. No hacer nada es irresponsable cuando la población sigue creciendo, especialmente en entornos urbanos como el de Barcelona. Ocupar suelo agrícola o natural tiene un coste ambiental que no se recupera. En cambio, regenerar suelo urbano en desuso, como es el caso del sector Tres Chimeneas, es la opción más sostenible y responsable, siempre que se haga con rigor técnico y sensibilidad ambiental.
Ninguna ciudad con río o con mar tiene riesgo cero, y quien lo prometa no dice la verdad. Lo que sí podemos exigirnos es conocer bien ese riesgo, reducirlo al máximo donde se pueda y, sobre todo, no ignorarlo nunca. Lo ocurrido esta semana en el Besòs nos obliga a una revisión continua de estrategias y normativas y a aprender de cada episodio.
Es legítimo que la ciudadanía pregunte y exija garantías, y nos toca responder con datos y con transparencia. Sin olvidar que el derecho a vivir con seguridad convive con otros igual de importantes: el acceso a la vivienda y una relación respetuosa con la naturaleza.
La calma y el sosiego permiten decidir con datos, y no con el miedo de la primera imagen. El miedo lleva al bloqueo, a la inacción. Por eso, ante la tempestad: calma, que no es lo mismo que indiferencia, y acción. Una acción que, en nuestro caso, consiste en seguir trabajando para que Sant Adrià y el conjunto de Catalunya sean lugares más seguros y mejor preparados.
