La inteligencia artificial está inundando todo lo que hacemos, incluidas las aulas y el aprendizaje. Cuando la IA (llámese ChatGPT, Gemini o Claude) te resuelve cualquier duda y cualquier ejercicio de deberes (o de examen), ¿para qué hacer el esfuerzo? ¿Cuál es el papel del pensamiento humano?

Por el momento, las instituciones educativas no están reaccionando al cambio, y les harán falta años para adaptarse. Algunos centros han prohibido el uso de IA, esperando mantener su modelo educativo intacto, pero los alumnos la usan en casa y con ello aparece la preocupación del copia-pega, la “deuda cognitiva”, “la IA va a volver tonto a mi hijo”.

Esta preocupación, que comparten padres y educadores, tiene sentido: a cualquier edad, si delegamos nuestro pensamiento en una máquina, dejamos de aprender. Un estudio David Strömberg y Victor Lei, de las universidades de Estocolmo y Hong Kong, siguió a 27.000 estudiantes chinos de 12 a 18 años y observó que, al usar IA para hacer deberes, los deberes se hacían más rápido y mejor, pero el rendimiento en exámenes caía entre un 18% y un 24%.

Suena terrible, pero hay un rayo de esperanza: en el mismo estudio, los alumnos que dedicaban el mismo tiempo a hacer deberes que antes de tener acceso a IA mantuvieron sus notas. Otro estudio de Kestin et al. en Harvard, con alumnos de primer año de Física, mostró que con una IA diseñada con principios pedagógicos puede mejorar el rendimiento.

Entonces, ¿qué nos dicen estos datos, aparentemente contradictorios? Que la IA es una herramienta, como lo es el ordenador, y que tenemos que usarla correctamente para que nos sume y no nos reste.

La pregunta que sigue es, indudablemente, cómo usarla bien. A efectos prácticos: tenemos que usarla como un asistente, pensando nosotros primero, contrastando con ella después.

La IA nos aporta cuando es nuestro tutor: puede ofrecernos correcciones, hacernos preguntas para repasar, crear flashcards de lo que no recordamos… El clásico “Mamá, papá, pregúntame el tema 6” puede convertirse en “IA, voy a explicar el tema 6; corrígeme si me equivoco en algo”.

También puede sustituirnos en tareas administrativas y mecánicas y liberarnos tiempo; por ejemplo, puede pasar unos apuntes hechos a mano al ordenador o agendar en nuestro calendario exámenes y repasos.

Lo que no debe hacer es ahorrarnos tiempo en tareas que requieren pensar; no debe hacernos los deberes, ni un esquema, ni un subrayado. Parece obvio cuando comparamos la IA con nuestro “amigo listo”: todos sabemos que, si le copiamos los deberes, no sacaremos buena nota en el examen.

Al final la historia se repite: la imprenta, el PC, el internet, y ahora la IA han cambiando nuestra forma de aprender.

La clave no es rechazar estas herramientas, sino aprender a aprovecharlas, y para ello necesitamos aprender a aprender: entender cómo aprende el cerebro, qué técnicas de estudio fijan el conocimiento… Porque solo si dominamos nuestro propio aprendizaje, podemos aprovechar lo que la IA nos ofrece.