La proliferación de chabolas en diversos barrios de Barcelona, las eternas barracas de Montjuïc y la acampada de grupúsculos minoritarios y marginales en la Plaza de Catalunya ofrecen las mismas imágenes que sufre Ceuta.

Joaquín Romero retrató en este diario la diferencia entre los moradores de las chozas de Montjuïc del tardofranquismo y los de los campamentos de ahora. “Entonces creían en un horizonte y estos no lo tienen", comparó.

El nuevo chabolismo es aún peor que el que había en Barcelona entre 1966 y 1983. El que recuerda y estudia Jaume Fabre en su libro Cròniques del fang. (Ed. Clariana, 2022). El período en que el periodismo barcelonés se pateó el barraquismo y lo denunció.

Un periodismo que molestó al franquismo primero y al Ayuntamiento democrático después. Las fotografías del chabolismo de entonces son iguales que las de ahora. Entre los titulares de la época: “La cara sucia de la Diagonal” y la serie “Donde la ciudad tiene otros nombres”.

Continuaban: “Plan de remodelación de suburbios”. “Gitanos y payos piden una solución urgente para La Perona”. “Las vallas publicitarias esconden los residuos del barraquismo en el Carmelo”. “Las barracas del Somorrostro”. “Franco dijo barracones, no”.

Con el periodista Huertas Clavería (1939-2007) como símbolo de aquella prensa neorrealista: “Porcioles visita el Camp de la Bota”. “El Ayuntamiento en conflicto con los barraquistas del Besós”.

Suma y sigue hasta hoy en los asentamientos irregulares de La Sagrera. Lo contaba Arnau Raimundo en estas páginas. “La proliferación de chabolas está alterando la convivencia en la zona”.

El compañero Rubén Pacheco también informaba: “Residentes del ámbito de la sierra de Montjuïc y cercanías denuncian la dejadez en los espacios públicos de la montaña, agravada con la presencia de asentamientos en la zona”.

Todo ello repercute en el barrio de Poble-sec, donde los vecinos protestan por el aumento de la delincuencia y las drogas en Montjuïc. “No hay calle que se libre”, señalan.

En los puntos afectados, como Horta y Nou Barris, se repite el mismo miedo a salir a la calle que sufren en Ceuta. El Ayuntamiento siempre se ha escondido tras la “falsa percepción de inseguridad”. La misma argucia que el ministro de Interior empeoró allí y llamó “subjetiva”.

Orín, mugre, cochambre, porquería, robo de alumbrado y demagogia en la invasión de Plaza Catalunya. Protagonista: el chiringo de Colau llamado Sindicat de Llogateres. Engendrado en el Observatorio Desc de Alí Babá y los cuarenta vividores de subvenciones.

Como siempre, un cóctel de comunes, cuperos, podemitas, lumpen y demás compañías poco recomendables. Subvencionados con millones a través de otro chiringo llamado Idra. Sus 14 cargos chupan 35.000 euros anuales cada cual.

Entre esta privilegiada casta, el cofundador del sindicato, la portavoz y dos concejalas colauistas. Además de abonos de Illa y Collboni que van desde los 600.000 euros hasta millón y medio.

La misma semana que en Plaza Catalunya los chamizos hieden, afean y degradan la ciudad con escenas ceutíes, el propietario de un snack bar de la calle Tuset ha sido multado con 1.500 euros.

Motivo: el taburete de su limpiabotas ocupaba parte la acera. Aunque su trabajo es limpio y honrado.