Antonio Balmón, vicepresidente ejecutivo del AMB, no suele precipitarse. Al revés. Entiende la política como una acción coordinada, que pasa por el mayor consenso posible. Y con la persistencia de trabajar en beneficio de los grandes acuerdos, ha logrado el visto bueno de la Generalitat a la nueva regulación de aparcamientos del AMB, que limita las plazas para coches.
No es una revolución. Es un paso adelante en una dirección: la de permitir que cada municipio pueda adecuar sus espacios en función de sus necesidades.
Ha sido la Comisión Territorial de Urbanismo del Ámbito Metropolitano de Barcelona la que ha aprobado esta semana una nueva regulación, impulsada por el AMB para flexibilizar la reserva de aparcamiento, respecto al espacio público, pero también en los edificios.
Las palabras de Balmón trataron de perimetrar con exactitud la medida: “La modificación no pretende prohibir el vehículo privado ni limitar el aparcamiento, sino que plantea un cambio de paradigma y adapta su uso a las necesidades de cada municipio y a sus condiciones de accesibilidad y movilidad", aseguró.
Lo cierto es que toda la región metropolitana ha entrado en una nueva dinámica, que pasa por aprovechar más y mejor el transporte público y reducir la dependencia del vehículo privado. Queda un largo camino, pero en algún momento todos los municipios deben comprometerse a ello.
