Publicada

Ada Colau ha abierto la puerta a volver a la primera línea política. Recolocada al frente de la fundación de los comunes, la exalcaldesa de Barcelona no ha aguantado ni dos años desde su marcha del Ayuntamiento para amenazar con su retorno.

Con Gerardo Pisarello como sujeto elegido para tratar de recuperar el consistorio barcelonés el próximo año --cuyas posibilidades se debaten entre escasas y nulas--, Colau ha fijado su mirada en Madrid, convencida de una presunta capacidad para aglutinar al fragmentado espectro de izquierdas bajo una candidatura única.

Su historial apunta a lo contrario. La exedil, que no entiende aquello de fer un pas al costat, dejó la capital catalana en un estado de decadencia, sin el alma y el dinamismo que siempre la había caracterizado y dividida entre los partidarios del 'no' a todo y aquellos que deseaban su final en la alcaldía para recuperar la ciudad.

En un momento convulso en el ámbito político nacional, Colau ha emergido como una amenaza bajo el disfraz del populismo que ha caracterizado su trayectoria política, que tanto daño ha hecho a Barcelona y que, ahora, podría aterrizar en la capital del país.