Desconectar se ha convertido en el verdadero lujo del siglo XXI.
Cada vez son más los viajeros que huyen de las grandes aglomeraciones y del asfalto de las metrópolis en busca de un turismo pausado, anhelando esos rincones donde el reloj parece haberse detenido hace cientos de años.
Lugares donde la ansiedad pierde sentido, el aire es limpio y el único motor necesario es el de nuestros propios pasos.
España, con su inagotable y rico patrimonio, esconde en su geografía pequeños oasis que responden exactamente a esta necesidad de calma y belleza arquitectónica.
Pero hay uno en concreto, resguardado en el noreste de la península, que eleva esta experiencia a otro nivel. Un refugio de piedra, silencio y leyenda que nos invita a viajar directamente a la Edad Media y olvidarnos del presente.
Vista aérea de Pals
Un refugio
En pleno corazón de la Costa Brava, alejado del bullicio de las grandes urbes y coronado por la brisa del Mediterráneo, se esconde uno de los tesoros mejor guardados de la península.
Se trata de Pals, una auténtica joya medieval en la provincia de Girona.
Declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1973, este municipio catalán se ha consolidado como el destino ideal para una escapada de fin de semana, destacando no solo por su impecable estado de conservación, sino por albergar los restos de lo que muchos consideran el complejo defensivo y castillo con más encanto de toda Catalunya.
Un viaje en el tiempo a cada paso
Lo que hace de Pals el pueblo perfecto para recorrer a pie es su trazado urbano.
Una calle de Pals en una imagen de archivo
El casco antiguo es una zona peatonal donde el sonido de los coches es reemplazado por el eco de los pasos sobre la piedra centenaria.
Caminar por Pals es un auténtico deleite visual. Los visitantes pueden admirar:
- Arcos góticos y románicos que conectan callejuelas estrechas.
- Fachadas de piedra dorada adornadas con enredaderas y flores de vivos colores.
- Ventanas ojivales y pozos ancestrales que adornan las plazas principales.
El impecable aspecto actual de la villa se debe en gran medida a las exhaustivas labores de restauración impulsadas por el médico local Pi i Figueras tras la Guerra Civil, un esfuerzo que logró devolver a la localidad todo su esplendor medieval.
Imagen de archivo de Pals, en la Costa Brava
El majestuoso Castillo y la Torre de les Hores
El principal imán de esta localidad es, sin duda, su recinto amurallado y el legado de su fortaleza.
Aunque el antiguo Castillo de Pals sufrió graves daños durante el siglo XV en la Guerra Civil Catalana, su herencia sigue viva y domina el horizonte del pueblo.
El elemento más representativo de este antiguo castillo es la famosa Torre de les Hores.
El castillo de Pals en una imagen de archivo
Se trata de una imponente torre del homenaje circular de estilo románico, construida entre los siglos XI y XII, que se eleva majestuosamente sobre los tejados de la villa.
Su nombre se debe a que, en el siglo XV, se le añadió un reloj de campana que marcaba el ritmo de vida de los habitantes.
Más allá de la piedra: el arroz de Pals
La experiencia de recorrer esta villa no estaría completa sin sentarse a la mesa.
El entorno natural que rodea al pueblo es famoso por sus humedales, donde se cultiva el renombrado Arroz de Pals.
Los restaurantes locales ofrecen este producto de proximidad en cazuelas de barro tradicionales, convirtiendo al tradicional arròs a la cassola en el broche de oro perfecto tras una mañana de caminata y exploración histórica.
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