Cada día, cientos de miles de barceloneses se deslizan por los andenes del metro con la prisa cotidiana, sin reparar en la historia que resuena en sus paredes.
Sin embargo, este mes de junio, mirar por la ventanilla del vagón obliga a hacer un viaje en el tiempo. Se cumplen exactamente 100 años del nacimiento del Metro Transversal, el ambicioso proyecto que se atrevió a perforar las entrañas de la capital catalana para coser sus barrios bajo tierra y arrastrar a Barcelona hacia la modernidad absoluta. En la actualidad se trata de la Línea 1.
La efeméride evoca inevitablemente una de las jornadas más agridulces de la historia contemporánea de la ciudad. Aquel 10 de junio de 1926, mientras la ciudadanía celebraba entusiasmada la apertura de este nuevo y revolucionario sistema de transporte masivo, las banderas a pie de calle ondeaban a media asta: ese mismo día fallecía el genio del modernismo, Antoni Gaudí, tres días después de haber sido atropellado por un tranvía en la superficie.
Inauguración del primer metro de Barcelona / ARCHIVO TMB
El destino quiso que el creador de la Sagrada Família se fuera justo cuando la ciudad empezaba a abrirse paso a sí misma por el subsuelo.
El nacimiento de un gigante metropolitano
A mediados de la década de los años veinte, Barcelona hervía. La ciudad vivía una auténtica revolución industrial, demográfica y urbanística. El plan de Cerdà devoraba kilómetros de campos y unía los antiguos pueblos --como Sants, Gràcia o Sant Martí-- en una gran trama urbana. En este contexto de ebullición, el Gran Metro (inaugurado en 1924, actual L3) ya había demostrado que viajar bajo tierra era el futuro, pero su diseño estaba muy enfocado al centro de la ciudad.
El Metro Transversal nació con una visión mucho más ambiciosa y estratégica: conectar la periferia obrera e industrial con el corazón de la ciudad y servir de puente entre las grandes líneas de tren que llegaban a la capital. Su primer tramo, de apenas cuatro kilómetros de longitud, unía la estación de La Bordeta con la emblemática plaza de Catalunya.
Un convoy del metro de Barcelona entrando en una estación de la L1
Aquel viaje inaugural de 1926 se detenía en nueve estaciones que hoy siguen siendo esenciales para el día a día de miles de usuarios:
- Bordeta (hoy desaparecida como tal)
- Mercat Nou
- Sants (actual Plaça de Sants)
- Hostafrancs
- Espanya
- Rocafort
- Urgell
- Universitat
- Catalunya
Ingeniería con carácter propio: el secreto del ancho ibérico
El Metro Transversal no fue una copia de los suburbanos de París o Londres; se diseñó pensando en las necesidades logísticas de España. Sus promotores tomaron una decisión técnica que marcaría su ADN para siempre: construir las vías con ancho ibérico antiguo (1.674 mm), el mismo que utilizaban los ferrocarriles convencionales de la época.
Información sobre la incidencia en la L1 del metro
El objetivo técnico era revolucionario para su tiempo: se buscaba que los trenes de las grandes compañías ferroviarias del país pudieran circular directamente por los túneles del metro para llegar al centro de Barcelona, unificando el transporte de pasajeros y mercancías en una red de gran capacidad.
Para esta monumental obra de ingeniería, se encargaron los míticos trenes de la serie 100. Estos vagones, con sus estructuras de madera y metal, se convirtieron de inmediato en un icono de la modernidad barcelonesa. Gracias a la meticulosa labor de conservación de la Fundación TMB, algunas de estas joyas históricas se preservan hoy en día como patrimonio cultural del transporte catalán.
La rampa de lanzamiento hacia la Exposición de 1929
La inauguración del Transversal no fue casualidad. La ciudad se preparaba a contrarreloj para albergar la Exposición Internacional de 1929, que tendría su epicentro en la montaña de Montjuïc. El nuevo metro se convirtió en la herramienta perfecta para canalizar a las masas de visitantes.
Un metro de la L1, a la altura de la estación de Urgell / TMB
La estación de Plaça d'Espanya pasó de ser un descampado en obras a convertirse en el gran distribuidor de la ciudad, demostrando que el Metro Transversal había sido diseñado con una clarividencia y visión de futuro extraordinarias. El subsuelo lograba, por fin, coser los barrios residenciales con las zonas industriales y los espacios monumentales.
De los cuatro kilómetros iniciales a cruzar el río Besòs
Un siglo después de que aquel primer convoy ruidoso saliera de los talleres de La Bordeta, el Metro Transversal se ha transformado en la descomunal L1.
Aquella pequeña línea de cuatro kilómetros se extiende hoy a lo largo de más de 20 kilómetros, conectando de forma directa los municipios de l'Hospitalet de Llobregat y Santa Coloma de Gramenet.
Con estaciones que actúan como nodos intermodales masivos (como la propia Sagrera o la Estación de Sants), la línea roja se mantiene año tras año como una de las redes con mayor demanda de pasajeros de Transports Metropolutans de Barcelona (TMB).
Los túneles que excavaron los obreros de los años veinte con rudimentarios escudos de perforación sostienen hoy el latido diario de una Barcelona que no se entiende sin su red subterránea.
Noticias relacionadas
- Confirmado por la Generalitat: estas dos tarjetas del metro de Barcelona mantendrán la rebaja del 50% hasta 2028
- La popular estación del metro de Barcelona donde no pararán los trenes por obras: afectaciones de casi dos meses
- La concurrida línea que tendrá la renovación más importante del año en el metro de Barcelona: inversión de 11,5 millones y cierre de tres estaciones
