El actor barcelonés Quim Gutiérrez reivindica con nostalgia sus orígenes en el barrio de Vallcarca, al que considera su auténtico refugio emocional y ciudad donde nació.
Aunque actualmente reside en una casa prefabricada en la sierra de Madrid junto a la modelo Paula Willems y sus hijos, mantiene un fuerte vínculo con Barcelona.
En una entrevista a la revista Esquire, el intérprete explicó que sus recuerdos de aquella época de su vida son fundamentalmente buenos y están marcados por la sensación de haber sido querido y acompañado.
"Tengo sensaciones soleadas, cómodas y ligadas a mi infancia. Recuerdo Barcelona como una ciudad plácida porque me quisieron mucho y tuve un hermano al año y medio de yo nacer. Creo que al principio tuve celos, pero las imágenes que me vienen son positivas, agradables. Vivíamos en el barrio de Vallcarca, en la parte de arriba, muy cerca de la Collserola, de la montaña. Yo iba al colegio andando. Ahí toca bastante el sol y el clima es templado".
Un barrio bohemio
El barrio de Vallcarca i els Penitents es uno de los cinco que constituyen el distrito de Gràcia, y se encuentra entre las colinas del Coll y del Putxet.
Vallcarca era un antiguo núcleo de veraneo donde las familias buscaban la paz que la ciudad ya no ofrecía. Trepando por las faldas de las colinas, se edificaron casas de verano que convivían con las masías de los campesinos en los numerosos campos de cultivos de la zona.
Un paisaje que todavía sorprende a los visitantes cuando miran hacia las colinas y las ven salpicadas por pequeñas casas construidas con cierto desorden urbanístico.
Un viaducto histórico
A un lado, el Coll, al otro, el Putxet; y en medio, un torrente que parecía insalvable, hasta la construcción del puente. El viaducto de Vallcarca es una gran obra de ingeniería civil del arquitecto Miquel Pasqual Tintorer, en la que por primera vez se aplicó el hormigón armado con hierro para poder cubrir con cemento una construcción en el cauce de un torrente.
De esta forma, abriendo paso entre las dos colinas del Coll y del Putxet, quedaban conectados vehículos y personas, que podían cruzar de lado a lado. Eso supuso también la apertura del barrio a la ciudad, ya que las comunicaciones se volvían más fluidas.
Pasar por el viaducto es toda una experiencia, porque desde allí hay una de las mejores vistas de Barcelona y el mar, ya que el barrio de Vallcarca i els Penitents es uno de los puntos más altos de la ciudad.
