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El embarazo supone una auténtica transformación física. A medida que avanza la gestación, el centro de gravedad se desplaza, la pelvis se adapta al crecimiento del bebé y la musculatura trabaja más para mantener el equilibrio.

Todo ello puede traducirse en molestias lumbares, sensación de carga en la zona pélvica o una mayor fatiga al final del día. En este escenario, algunas prácticas sencillas están despertando el interés de muchas futuras madres por su capacidad para mejorar la conciencia corporal y favorecer una sensación general de bienestar.

Una de ellas es el llamado grounding, un término que hace referencia al contacto directo con el suelo. “Lejos de las teorías que le atribuyen supuestos efectos energéticos, esta práctica se entiende hoy desde una perspectiva física y sensorial”, explica Gemma Ruiz Crespo, directora asistencial de Mi matrona, equipo de matronas de Hospital Universitario Quirónsalud Barcelona. Consiste, simplemente, en caminar descalza sobre superficies seguras como césped, arena o el suelo de casa, o dedicar unos minutos a notar cómo el cuerpo se apoya y distribuye su peso.

Más conciencia corporal y mejor postura

Este tipo de estímulos favorecen una mayor percepción de la posición del cuerpo y ayudan a detectar tensiones o desequilibrios que muchas veces pasan desapercibidos. “Durante el embarazo es habitual adoptar posturas compensatorias para adaptarse al crecimiento del abdomen, y ser consciente de ellas es el primer paso para corregirlas”, señala la especialista.

Caminar descalza también activa la musculatura del pie, una estructura clave para mantener una buena alineación corporal. Cuando el apoyo es más estable, la pelvis y la columna trabajan de una forma más eficiente, algo que puede contribuir a reducir la sobrecarga en la zona lumbar. “Muchas mujeres describen una sensación de mayor ligereza y estabilidad después de incorporar este hábito a su rutina diaria”, comenta la directora asistencial de Mi matrona.

Sensación corporal

Los pies contienen miles de receptores sensoriales que envían información constante al cerebro sobre la posición del cuerpo y las características del terreno. Durante la gestación, cuando el equilibrio puede verse alterado por los cambios físicos, esta información cobra una importancia especial. El grounding ayuda a potenciar esa capacidad natural de adaptación y puede favorecer movimientos más seguros y coordinados.

Además, la forma en que apoyamos los pies influye directamente en la pelvis y en la musculatura que la rodea. Un patrón de pisada más libre y natural favorece una mejor distribución de las cargas y puede ayudar a disminuir ciertas tensiones acumuladas en la zona pélvica. “Una pelvis que se mueve con mayor libertad y un cuerpo mejor alineado suelen traducirse en una sensación de mayor comodidad durante el embarazo”, explica Gemma Ruiz.

Más allá de los beneficios físicos, esta práctica invita a detenerse unos minutos y prestar atención a las sensaciones corporales. “Ese pequeño ejercicio de observación permite identificar rigideces en los hombros, exceso de tensión en la espalda o posturas mantenidas durante demasiado tiempo”, recalca la matrona. Y aunque parezca un detalle menor, conocer mejor cómo responde el propio cuerpo resulta especialmente útil de cara al embarazo y al parto.

Bienestar físico y mental

Los especialistas recuerdan que el grounding no es una terapia ni sustituye al ejercicio adaptado, la fisioterapia obstétrica o el seguimiento médico. Tampoco existen pruebas científicas que respalden las teorías sobre supuestas transferencias de energía entre el cuerpo y la tierra. “Sin embargo, sí hay evidencias que relacionan el movimiento descalzo con una mejor activación muscular, una mayor estabilidad y una percepción corporal más precisa”, aclara la experta.

Por eso, el valor de esta práctica reside en su sencillez. Bastan unos minutos al día sobre una superficie estable y segura para empezar a percibir cómo se distribuye el peso, cómo respira el cuerpo y cómo responden los músculos al movimiento. “Siempre con prudencia, especialmente en las últimas semanas de embarazo, cuando el riesgo de perder el equilibrio es mayor”, insiste para concluir.

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