Los expertos en eficiencia energética coinciden en que la temperatura ideal para equilibrar el bienestar y el ahorro económico se sitúa en los 26 grados.
Según Jesús Sahún, analista en energía, "lo más recomendable es poner el aire acondicionado a una temperatura de 26 grados, ya que permite tener un confort térmico suficiente para estar en el hogar".
Esta cifra no es arbitraria, sino que representa un punto óptimo donde el aparato no trabaja bajo una presión excesiva. Idoia Arnabat, especialista en el sector, también respalda esta recomendación destacando que a ese nivel "se ahorra y no sale aire caliente", lo que garantiza una refrigeración adecuada de la estancia.
El impacto económico de reducir incluso un solo grado la temperatura del termostato es muy significativo para el presupuesto doméstico. Sahún advierte de forma tajante que "cada grado menos es un 7% extra de consumo", lo que puede disparar la factura eléctrica mensual de manera innecesaria durante las olas de calor.
De hecho, se estima que el uso inadecuado del aire acondicionado puede suponer un gasto adicional de "entre 20 y 60 euros extra al mes en cualquier hogar". Por lo tanto, mantener el equipo a 26 grados actúa como una medida de contención esencial para la economía familiar.
Un error muy extendido entre los usuarios es intentar enfriar la vivienda rápidamente seleccionando temperaturas extremadamente bajas al encender el dispositivo. El ingeniero civil Jordi Castelló enfatiza la importancia de evitar estas prácticas: "no intentes bajarlo a 20º de golpe", ya que esto no acelera el proceso de enfriamiento y sí incrementa drásticamente el gasto energético.
En su lugar, el experto asegura que "es mucho más eficiente fijarlo en torno a los 26 ºC" para permitir que el sistema estabilice la temperatura de forma progresiva y sostenible.
Para maximizar la sensación de frescor sin necesidad de bajar de esos 26 grados, es fundamental gestionar correctamente funciones adicionales del aparato. Castelló aconseja que, además de fijar la temperatura recomendada, se debe "activar el modo 'dry' cuando haya mucha humedad".
Esta combinación técnica permite que se consiga una "sensación térmica muy confortable con un consumo bastante menor" al eliminar la pesadez del ambiente húmedo sin recurrir a un frío excesivo que perjudica la eficiencia del equipo.
La eficacia de los 26 grados se ve reforzada cuando el aire acondicionado trabaja en conjunto con otros sistemas de bajo consumo. Jordi Castelló recomienda que, para mejorar el rendimiento, lo ideal es poner el aire a 26 ºC y "ayudarse de un ventilador" para distribuir mejor el aire frío por toda la habitación.
Esta sinergia permite mover el aire refrigerado de forma efectiva, mejorando el confort sin forzar al compresor del aire acondicionado a trabajar en rangos de consumo elevados. Sahún coincide en que el ventilador es una "solución mucho más económica" que complementa perfectamente el ajuste recomendado.
