Publicada

Además de cansancio, el calor puede causar que las situaciones más simples se conviertan en grandes obstáculos. Por eso, a muchas personas se les hace muy cuesta arriba cumplir con sus actividades laborales o mantenerse activos durante el verano debido a la falta de energía o a la fatiga.

Cuando las temperaturas son elevadas, el organismo activa una serie de mecanismos para evitar un sobrecalentamiento. Su prioridad es mantener una temperatura corporal estable y proteger el funcionamiento de los órganos vitales, lo que deriva en falta de energía, sensación de debilidad e incluso mareos.

Una reacción protectora del organismo

Esta sensación de cansancio, apatía o incluso somnolencia no es debilidad ni pereza. Es una respuesta fisiológica normal ante el esfuerzo que tu cuerpo realiza para evitar un golpe de calor.

“La respuesta del cuerpo al calor implica mecanismos como la vasodilatación y una mayor pérdida de líquidos, lo que puede favorecer la bajada de la tensión arterial y aumentar la sensación de fatiga, incluso en personas sanas", explica la doctora Noemí Corbacho, responsable de Medicina Interna del Hospital El Pilar, perteneciente al Grupo Quirónsalud.

Los cambios de hábitos tampoco ayudan

El cansancio estival no depende únicamente de las altas temperaturas. La deshidratación, las alteraciones del sueño y los cambios de horarios tienen mucho que ver. Cuando el organismo pierde líquidos, disminuye el rendimiento físico y mental: cuesta más concentrarse, aparece una sensación de esfuerzo desproporcionado y las tareas cotidianas parecen más pesadas.

Además, las noches calurosas dificultan un sueño profundo y reparador. A esto se suman las cenas tardías, las actividades nocturnas o una menor actividad física, factores que terminan pasando factura. “Muchas veces se juntan varios elementos y el resultado es una sensación de agotamiento que se prolonga durante días”, señala la especialista.

¿Cuándo deja de ser un cansancio normal?

Por lo general, la fatiga propia del verano mejora con medidas sencillas, como descansar más, hidratarse correctamente y evitar las horas de más calor. Cuando el cansancio persiste en el tiempo o se acompaña de otros síntomas, la situación cambia.

“Si la fatiga no mejora con las recomendaciones habituales o aparece junto a otros signos de alarma, es importante buscar una explicación médica”, apunta la doctora Corbacho.

Entre las causas que con más frecuencia se encuentran detrás de una fatiga persistente figuran las anemias, los déficits nutricionales, las alteraciones de la tiroides o algunas enfermedades cardiovasculares.

Las pistas que pueden indicar otro problema

La anemia suele acompañarse de palidez, debilidad, cambios en las uñas o el cabello y sensación de falta de aire al realizar esfuerzos.

En el caso del hipotiroidismo, además del cansancio, pueden aparecer aumento de peso, estreñimiento, lentitud de pensamiento o una mayor sensibilidad al frío. Suele manifestarse con intolerancia al calor, palpitaciones, pérdida de peso, nerviosismo o temblor fino. Son síntomas que, aunque a veces se confunden con las molestias propias del verano, merecen una valoración médica si persisten.

Señales de alarma que no conviene ignorar

Existen determinadas situaciones en las que el cansancio deja de considerarse una consecuencia normal del calor. La presencia de dificultad para respirar, dolor en el pecho, palpitaciones, fiebre, sudoración nocturna o cambios de peso sin una causa aparente debe motivar una consulta con el médico.

También es recomendable acudir al especialista cuando la fatiga dura más de dos o cuatro semanas, empeora progresivamente o llega a impedir el desarrollo normal de las actividades diarias. “El cansancio nunca debe normalizarse cuando condiciona la vida cotidiana o tiene un impacto emocional y psicológico importante", subraya la especialista del Hospital El Pilar.

Cómo recuperar la energía

Para combatir la astenia estival, la experta del Grupo Quirónsalud recomienda “prestar atención a tres aspectos fundamentales: hidratación, descanso y control de la temperatura ambiental”.

Mantener la habitación fresca, darse duchas templadas, beber suficiente agua y reponer electrolitos, evitar el alcohol, respetar horarios regulares de sueño, limitar las siestas y optar por comidas ligeras y alimentos ricos en agua son medidas sencillas que ayudan a mantener unos buenos niveles de energía.

En definitiva, sentirse algo más cansado cuando aprieta el calor es una reacción habitual del organismo. Pero si el agotamiento se prolonga, empeora o viene acompañado de otros síntomas, conviene no atribuirlo únicamente al verano y consultar con un profesional sanitario.

Noticias relacionadas